TRANSLATOR THINGS: crónica de la vocalía UPF.

Artículo escrito por Anna Varela Griñena y corregido por Elena Figal Gómez.

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Estaba nublado y soplaba un viento desagradable, un viento que me recordaba que la primavera aún estaba lejos. Me dirigí al sótano del Campus y entendí que no era la única en haber recibido aquella extraña llamada. La puerta estaba entreabierta y, encima de una mesa que había en la entrada, observé unos pequeños folletos con una inscripción en código binario que interpreté como AETI. No cogí ninguno porque me dio miedo alterar el espacio-tiempo, así que avancé dos pasos para dejarlos atrás. Respiré hondo. Nadie estaba aguantando el portón, pero permanecía abierto por una extraña fuerza. “¿Qué es lo que me ATRAE?”, me pregunté. Conté hasta diez, di un paso más largo que los anteriores y, de pronto, estaba allí. Aterrorizada, me di cuenta de algo verdaderamente insólito. Unos centímetros más abajo de los rostros de todos los humanos que allí se encontraban, aparecían una especie de caracteres en apariencia indescifrables. Entonces lo comprendí: ¡estaban subtitulados!

cartel AETI UPF

«Dadme un límite de caracteres y moveré el mundo» – El creador de Aegisub. O el de Twitter.

En plena vorágine de deberes, trabajos, proyectos, exámenes al acecho y apuntes que esperan su turno para ser pasados a limpio, se agradece enormemente que, un día cualquiera, te saquen de la rutina.

Los estudiantes de la Facultad de Traducción e Interpretación de la UPF solemos vivir en la superficie del campus. Sin embargo, la llamada del «Upside Down», o lo que es lo mismo, del Auditorio del Campus del Poblenou (situado bajo la plaza del campus), resultó tentadora desde el primer momento. La ATRAE y la AETI nos invitaban a conocer los entresijos de la traducción audiovisual en una conferencia titulada «Translator Things: los tejemanejes de la traducción audiovisual» de la mano de Begoña Ballester-Olmos y Scheherezade Surià. Las ponentes dejaron claros sus poderes telequinéticos, o de convocatoria, cuando el auditorio se llenó pese a ser la hora del almuerzo.

Guillermo Parra, el maestro de ceremonias y urdidor del encuentro (profesor de la UPF y traductor profesional), comentó en la presentación de la actividad que el objetivo de la charla era acercar la experiencia de estas dos grandes aunque jóvenes profesionales a los estudiantes de la UPF. Antes de sus intervenciones, sin embargo, hubo un espacio para que representantes de ATRAE y AETI diesen cuatro pinceladas sobre las asociaciones ante los asistentes. La razón, tal y como indicó Quico Rovira-Beleta, miembro fundador de ATRAE, es que la unión hace la fuerza y el asociacionismo es clave en una profesión como la nuestra.

A continuación intervino Scheherezade Surià, la mujer de las 1001 traducciones a quien encontraréis en la luna de Babel. Esta traductora audiovisual y literaria y exalumna de la UPF nos habló de la parte práctica y deontológica de la traducción audiovisual. Su presentación ofreció una panorámica del sector, desde la figura del traductor hasta la del cliente, pasando por los tipos de encargos (pautaje, traducción, adaptación, etc.), los cobros según los anteriores y los métodos de trabajo, haciendo especial hincapié en los programas de subtitulado, los vídeos y las guías de estilo o materiales de referencia proporcionados por el cliente. ¡Ah! Y también nos advirtió sobre el tiempo, porque como ya os imaginaréis, la TAV no es una excepción: los encargos son para ayer. Pese a todo, Scheherezade animó a los estudiantes a seguir adelante en el sector de la TAV, al que considera muy gratificante.

Llegó el turno de Begoña Ballester-Olmos, creadora de la empresa de traducción audiovisual Bbo Subtitulado. Empezó hablando de los tipos de contenidos audiovisuales que se pueden traducir (desde películas hasta videotutoriales), de los posibles clientes, los materiales con los que el traductor puede trabajar (guion, lista de diálogos, etc.) y de los métodos de trabajo y los plazos. A continuación, nos deleitó con una ristra de ejemplos de soluciones de traducción en algunos de sus proyectos. Incluyó algunos en los que el componente humorístico llegaba a ser un problema, pero demostró que tiene buena mano con los chistes y que pudo solventar esos aparentes obstáculos. Por último, mencionó la lucha de los traductores por los derechos de autor de las obras que han traducido, subtitulado o ajustado para doblaje. El cobro de estos derechos, sin duda, significaría el reconocimiento de su trabajo y un paso adelante en la erradicación de la invisibilización.

Las experiencias personales de Scheherezade y Begoña en el mundo de la TAV consiguieron acercarnos un poco más al sector y no verlo tan inalcanzable. A veces, hace falta salir de clase y ver lo que se cuece en el mundo laboral. Eso sí, tanto ellas como Guillermo Parra advirtieron de que, para dedicarse plenamente a la traducción audiovisual, hace falta tiempo y, por lo tanto, paciencia. Sin embargo, como dijo Scheherezade: «¡Subtitular mola!».

En conclusión, volvamos al principio: en plena vorágine de deberes, trabajos, proyectos, exámenes al acecho y apuntes que esperan su turno para ser pasados a limpio, se agradece enormemente que, un día cualquiera, te saquen de la rutina. Y más si el motivo es conocer los tejemanejes de la traducción audiovisual de la mano de grandes profesionales.

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Desde la Vocalía AETI UPF queremos dar las gracias a Scheherezade Surià, Begoña Ballester-Olmos, y también a Guillermo Parra, Paula Mariani y Quico Rovira-Beleta, por compartir su experiencia, sus consejos y sus anécdotas con los estudiantes de la UPF. Fue todo un placer.