Accesibilidad audiovisual

Artículo escrito por Elena Figal Gómez y corregido por Carmen María Carpena Ortega

Recientemente se ha difundido en la traduesfera la noticia de que el MECD está elaborando una Formación Profesional en audiodescripción y subtitulación en colaboración con el CESyA, y han surgido tanto partidarios como detractores de esta propuesta. Entre estos últimos se encuentra el Departamento de Traducción e Interpretación y de Estudios del Asia Oriental de la Universidad Autónoma de Barcelona, que ha hecho circular un manifiesto en contra de esta especialización y ha reunido más de 800 firmas.

Pero empecemos por el principio:

¿Qué es la accesibilidad?

La mayoría de la gente, en nuestro día a día, no nos damos cuenta de la cantidad de barreras que hay a nuestro alrededor. El primer ejemplo que tal vez nos venga a la mente al pensar en barreras pueden ser las escaleras de acceso a un edificio, que dificultan la entrada de sillas de ruedas, carritos de bebé, etc., pero que también pueden ser un obstáculo para cualquiera, por ejemplo, cuando nos toca cargar una maleta. Esto se arregla con una rampa; fácil, ¿no?

En cuanto a la accesibilidad audiovisual, tenemos otro ejemplo bastante representativo en el cine: una película tiene contenido visual y contenido sonoro. Lo cual significa que las personas con ceguera o algún tipo de alteración de la visión (como cataratas o daltonismo, por ejemplo) se perderán parte del contenido de la película, y lo mismo ocurre con quienes tengan alguna deficiencia auditiva. Es decir, no todo el mundo puede tener acceso al séptimo arte. Por suerte, también estos ejemplos tienen solución, aunque no están tan extendidas: la audiodescripción y el subtitulado para sordos. Cabe señalar que ambos métodos pueden ser útiles para mucha más gente que el público al que va dirigido en primera instancia: el subtitulado también sirve de ayuda para personas con dificultades de aprendizaje, y podemos recurrir a la audiodescripción para «ver» una película mientras hacemos otra cosa, sin tener que mirar la pantalla.

En general, se puede decir que algo (desde un edificio a una película) es accesible cuando se le facilita el acceso a cualquier persona que pueda tener dificultades de diversa índole (ya sea debido a una deficiencia física o cognitiva, a su edad avanzada o a un impedimento temporal, entre otras causas).

Y, ¿qué tiene que ver todo esto con la traducción?

La traducción y la interpretación sirven, en cierto modo, para que las personas que no hablan un idioma puedan acceder a información que solo existe en esa lengua que desconocen (o de la que no tienen suficiente nivel para entender el contenido que les interesa), por lo que podríamos considerar estas disciplinas como formas de accesibilidad. En este sentido, tanto la traducción y la interpretación como la accesibilidad sirven para lograr que la información llegue a más gente. Además, existe una modalidad de interpretación cuyo objetivo principal es la accesibilidad: la interpretación en lengua de signos. Por otra parte, el subtitulado de películas en otros idiomas y el subtitulado para sordos tienen muchas cosas en común (se pueden utilizar los mismos programas, se necesitan cualidades similares, como la capacidad de síntesis para lograr que el diálogo quepa en pantalla, etc.).

Dicho esto, no es de extrañar que la formación en accesibilidad disponible hasta la fecha se imparta (en el sector público) como parte del programa de varios másteres de traducción audiovisual, en asignaturas que incluyen contenidos relacionados no solo con el cine, sino también aplicados a televisión, a la web, a visitas a museos, etc.

Por una parte, al formar parte de los estudios de máster, el nivel de la formación responde a un perfil multidisciplinar y altamente especializado, como se indica en el manifiesto; pero por otra parte, como defienden algunos profesionales del gremio, la creación de una Formación Profesional exclusivamente dedicada a la accesibilidad audiovisual permitirá profundizar más en esta materia (suponiendo, claro está, que se dedique únicamente al ámbito intralingüístico, es decir, que no pretenda abarcar también la traducción), y sobre todo aportar mayor experiencia, esencial en la práctica del subtitulado y la audiodescripción.

Sea como sea, es una necesidad que hay que cubrir y para la que se necesitan profesionales bien formados. Si quieres conocer un poco más el tipo de trabajo que requiere este mercado, te recomiendo que veas el HangoutsTrágora sobre accesibilidad en el teatro, ¡seguro que te aclara muchas dudas!