¡Benditas sean las boinas! Entrevista a Javier Pérez Alarcón

Entrevista realizada por Olimpia Mailat y corregida  por Rebeca Barrero Medina.

Aunque muchos de vosotros ya le conocéis gracias a Twitter y estáis al tanto de la cantidad de saraos en los que está involucrado, una entrevista con Javier Pérez Alarcón no está de más. A continuación, tendréis la oportunidad de descubrir cómo es la vida del traductor autónomo en su hábitat natural, recibiréis algunos consejos útiles para sobrevivir en el mundo de la traducción audiovisual y se os revelará la respuesta a la pregunta que a más de uno le habrá quitado el sueño. Si queréis conocer un poco más la historia de este traductor coleccionista de boinas y amante de las croquetas, seguid leyendo…

Javier Pérez Alarcón recoge el premio ATRAE. Foto: GUILLERMO PARRA

Parte I: el tradugénesis, presencia online, consejos y experiencias personales.

Pregunta: ¿Qué es lo que te llevó a elegir dedicarte a esta profesión?

Respuesta: Al principio iba a ser arquitecto por inercia, porque mi padre era arquitecto pero, por suerte, no. Vi que la traducción existía como carrera cuando tenía unos 16 años. Yo intuía que alguien tenía que hacerlo, pero no sabía que era una carrera propiamente dicha. Me gustaban los idiomas y, además, me gustaba ver las cosas en versión original y luego dobladas, y compararlas para ver cómo se solventaban los juegos de palabras. Además, me gustaban el cine y las series, así que dije p’alante.

P: ¿Crees que las prácticas que hiciste te resultaron útiles?

R: Las prácticas las hice en SDI Media en Madrid en el 2013. Es el estudio donde se doblan Los Simpson y Juego de Tronos. Y, bueno, me tuvieron revisando traducciones y traduciendo alguna cosita también, en sala, viendo cómo se doblaba y asesorando si era necesario. Estuvo guay porque ver cómo se doblan los docu-realities y las series te ayuda luego a trabajar, porque recuerdas lo que valoraban y preferían los actores en el estudio. También me vino bastante bien para el currículum. Sí que recomendaría hacer las prácticas en estudios de doblaje porque, aunque es trabajar sin cobrar a cambio de la formación, esa formación vale la pena. Evidentemente, si te las pagan, mejor, y si las hacéis con autónomos a los que les pagan por la faena que os encargan, que os paguen sí o sí, aunque os descuenten un porcentaje por la revisión. Pero no hacerlas me parece un error porque es el primer contacto más inmediato con el mundo laboral que vas a tener. Cuando sales de la carrera lo que tienes es, en la mayoría de los casos, tu expediente académico, lo cual está muy bien, pero si además tienes unas prácticas en una empresa que se dedica a eso, es una forma de decir que no solo has hecho la carrera, sino que además ya tienes cierto contacto con el mundo laboral, así que yo digo que a tope con el tema prácticas.

P: ¿Te parece útil usar las redes sociales para promocionarse profesionalmente?

R: Si alguien está leyendo esta entrevista y me sigue en Twitter, sabe que soy un pesado, pero, de hecho, mi primer curro lo conseguí por redes sociales. Yo creé mi cuenta profesional de Twitter en 2012, cuando estaba en cuarto. María Ferrer, de Traducciones Imposibles, me dijo que me había visto por Twitter y que parecía tener cierta idea, así que me ofreció hacer la prueba para la empresa. La pasé y mis primeros trabajos fueron con Traducciones Imposibles y fue, literalmente, por las redes sociales. Yo lo que siempre digo es que, como todos somos autónomos, si no saben que existes, no te van a dar trabajo. Además, la visibilidad sin calidad no sirve. Si te contratan porque te han visto en redes, pero luego lo haces mal, no te van a llamar más. Pero si traduces bien y nadie lo sabe, tampoco va a llamar nadie a tu puerta a darte el curro. Y ya no solo para conseguir trabajo, sino para relacionarte con compañeros. Con mucha gente, como Quico Rovira-Beleta o Josep Llurba, el primer contacto fue a través de las redes sociales y ahora me voy a tomar croquetas con ellos. Y para conocer compañeros, de hecho, el primer contacto que tuve con mucha gente de la AETI fue por redes sociales y luego ya nos vimos en persona. Viene muy bien, tanto si existe la posibilidad de que te salga trabajo, como para, si te sale una traducción sobre barcos y sabes que tal persona está especializada en eso, consultarle alguna dudita. Las redes sociales tienen para mí más ventajas que inconvenientes.

P: ¿Qué estrategias son mejores para darse a conocer en el mercado laboral y cómo de importante es tener un buen currículum?

R: Yo ya lo digo, a mí me funciona mucho ser pesado, básicamente. Luego, conseguir los curros ha sido a base de enviar currículums. Tampoco digo que mandes el currículum cada dos meses, pero si lo mandas y no te contestan, quizá, a las dos semanas, les puedes decir: «eh, os mandé esto, ¿os llegó?» Si no contestan a los seis meses, igual les puedes mandar otro currículum actualizado. Yo les mandé el currículum a uno de mis mejores clientes de ahora y, literalmente al año, me llamaron para para decirme que tenían mi currículum y, como eran vacaciones y la gente se iba, me ofrecían una película para probar. Hay que mandar currículums, pero también ser paciente y, si no te contestan, no venirte abajo. Un estudio de doblaje recibirá un montón de currículums al día. Algunos los abrirán, algunos no, otros los reservarán para cuando tengan una urgencia…

P: ¿Cómo se puede destacar entre tantos traductores?

R: Llevando boina. Todos los trabajos que he conseguido han sido por la boina. (Ríe) Pues sí, es complicado destacar. Pero yo siempre digo que si tienes algo que te gusta mucho… Igual parece una tontería, pero, si te gustan los aviones, por ejemplo, eso es un plus. Hay documentales de aviones y cosas así, entonces a lo mejor lo puedes destacar en tu currículum. Yo, por ejemplo, en un currículum he puesto que tengo conocimientos en cultura popular y en tebeos, porque siempre los he leído. He traducido cosas de tebeos y eso me ha servido. Por ejemplo, con Teen Titans Go!, que traduje a partir de la segunda mitad de la cuarta temporada, me ayudó el haber leído tebeos. No sé si a la hora de mandarme el trabajo tuvo algo que ver, porque no me lo dijeron, pero supongo que daño no hizo. Si alguien está especializado en humor o si hace sus pinillos como monologuista, por ejemplo, eso sería un plus para trabajar con Netflix, que ahora mismo tienen un montón de monólogos o series en las que salen monologuistas. Es una ventaja, aunque parezca una tontería. Si a alguien le gusta el fútbol, por ejemplo, que lo ponga. Y lo de la boina, evidentemente.

P: ¿Crees que es imprescindible cursar un máster para dedicarse a la traducción?

R: Yo no tengo máster, pero también es cierto que en cuarto de carrera en la Universitat Jaume I hice el itinerario de especialización de audiovisual, que no está en todas las universidades, pero en esta sí. Así que tuve la suerte de que ya en cuarto hice doblaje, subtitulado para sordos, audiodescripción y subtitulado estándar y salí como especializado. Si en tu facultad no hay una especialización – yo siempre voy a hablar de audiovisual porque es lo que he hecho– aplicable a literaria, a técnica o a lo que sea, es decir, si no hay un itinerario de eso, hacer el máster no vendría mal. Yo ahora estoy de profesor en el Máster de Traducción Audiovisual de la Universidad Europea de Valencia y está muy bien, no porque esté yo, sino porque están Quico Rovira-Beleta, Reyes Bermejo, Rocío Broseta, Núria Molines, Frederic Chaume Varela, Jorge Díaz-Cintas… Algunos amigos y conocidos que sí tienen un máster me han hablado muy bien del de audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona y del ISTRAD también. Son pocos los másteres de audiovisual que yo conozco y habrá más, seguramente. Si no tienes el dinero para hacer un máster o no estás muy convencido de si esta es realmente la rama a la que te quieres dedicar, también hay cursos. En ATRAE, por ejemplo, hacemos cursos de audiovisual y son más específicos, como por ejemplo de traducción de jerga, traducción del humor y de los juegos de palabras, traducción de canciones… Yo he hecho varios cursos y todos me han servido. Igual tú haces el curso y en ese momento piensas que no te va a servir, pero quizá te sirva dentro de un año. Yo hice el curso de traducción de ciencia ficción y después de un año y medio traduje Star Trek: The Animated Series, así que me sirvió mucho, y también hice el de ajuste y ahora ajusto además de traducir Clase letal (Deadly Class) para HBO. También recomiendo que la gente se informe de si el curso es lo que creen que les hace falta y, si pueden, que consulten a gente que lo haya hecho previamente. Lo digo porque cualquiera puede montar un curso y no necesariamente todos tienen por qué ser buenos. No digo que los que hay por ahí sean malos, hablo en general. No he hecho ninguno de los de Cálamo y Cran, pero me han hablado muy bien de ellos. De los de Trágora, también. Lo que quiero decir es que nada evita que yo monte un curso especializado en, no sé, boinas –aunque de boinas sí que controlo– o un curso de traducción técnica, cuando yo no estoy especializado en traducción técnica. Entonces, hay que tener cuidado, pero bueno, eso es sentido común. Hay que documentarse como nos documentamos para todo. No lo digo por nadie en concreto, sino como consejo en general.

P: ¿Cómo de importante es documentarse y conocer la obra original?

R: Si no te documentas, seguramente vas a meter la pata. Documentarse es vital, pero para cualquier cosa. No hace falta que sea una adaptación de una serie previa o de un libro para que te tengas que documentar, porque si es una serie original, una serie nueva, pero que se ambienta en Nueva York en la escena artística de los 70, habrá referencias a eso y te tendrás que documentar. O si es una serie en la que hay un hípster o un bakala. Te tienes que documentar sobre esos ámbitos porque van a salir referencias. Cuando me mandan una serie, lo primero que hago es documentarme sobre la serie, la película o lo que sea, ver si hay entrevistas a los directores, a los actores, al guionista, etc. Es un montón de trabajo, pero hay que hacerlo. También depende de los plazos. A mí me gusta documentarme tanto como sea posible cuando tengo tiempo porque luego se va a reflejar en la traducción. Si te dan un plazo que no te lo permite, no puedes. No es que sea imprescindible estudiarte la vida del director, pero si puedes y tienes tiempo, yo recomiendo que por lo menos veas una entrevista al director y al guionista hablando de la película. Cuanta más información, mejor. Eso está claro.

P: ¿Acabas perdiendo el interés por las cosas que te gustan y tienes la oportunidad de traducir?

R: No, qué va. Al contrario. De hecho, un ejemplo relativamente reciente es The Terror, la serie de AMC. Cuando me enteré de que se iba a hacer, pensé que la tenía que ver y me la ofrecieron. Y no es que perdiera el interés, es que tuve más interés todavía porque no solo la iba a ver antes que nadie, sino que quedaría como la iba a traducir yo, entonces moló el doble. Claro, muchas veces el material viene con marcas de agua. Por ejemplo, cuando emitieron que están emitiendo The Terror, la vi y hay escenas como cuando en la nieve se ven las huellas del tuunbaq, que es un monstruo que sale en la serie, y en mi versión no se veían porque, para evitar que se filtre, tenía marcas de agua y estaba en baja resolución. También puede pasar que te den un proyecto que a lo mejor de entrada no te interesa mucho porque no lo conoces, sencillamente, pero a fuerza de hacerlo ves que es guay. Cuando me encargaron Wynnona Earp no la conocía y al tercer episodio ya era superfan de esa serie. Recuerdo que la primera temporada me la dieron toda de golpe y la segunda temporada me la iban dando episodio a episodio y cuando acababa de traducir ya quería saber cómo quedaban los cliffhangers. Con Día a día, igual. Es un remake de una serie americana de los 70 que aquí no se emitió. Yo no la conocía y pensé, bueno, es una comedia de situación. Veremos qué tal está, ¿no? Con el primer episodio pensé que estaba guay y con el segundo que era maravillosa. Es una comedia de situación tradicional en el sentido de que tiene su moraleja, pero te habla de racismo, de sexismo, de la situación de los veteranos de guerra, de estrés postraumático, de depresión… Todo eso lo normaliza y está muy bien. En la segunda temporada hay un episodio que trata sobre las personas de género no binario, se usan pronombres como elle y está genial. Acabé siendo superfan y han renovado para la tercera temporada, así que estoy muy contento. También hay series sobre las que piensas que si no las hubieras traducido quizá no las conocerías. Traduje una serie islandesa que se llama Stella Blómkvist y que emitían en Calle 13. Es un neo-noir y a mí ese género me mola bastante. Pues igual, si no la hubiera traducido, no la habría conocido porque no es una serie famosa, aunque la hayan vendido un montón de mercados internacionales. Tiene 6 episodios y está tremenda. Es una de las ventajas del trabajo, descubrir cosas que molan. Otro ejemplo es Dedé y Philip, una serie infantil con mucha aventura que tiene personajes LGTBQ, es maravilloso. La creadora es Shadi Petosky y es una serie estupenda. Yo no creo que hubiera visto una serie infantil en Amazon, si no fuera porque me la han pasado, y me encanta. De hecho, hablé con la creadora gracias a Twitter y me mandó una camiseta del equipo. Son un amor tanto ella como la serie.

P: ¿Cuál de tus trabajos te hace sentirte más orgulloso y cómo te sientes cuando ves las películas que has traducido?

R: Muchas veces no las veo porque ya las he visto y me las sé. Pero a veces sí que las veo con mis padres porque les da gustico. Además, a mí me gusta mucho el mundo del doblaje. Cuando era chaval me conocía los nombres de los actores y cuando oía sus voces sabía de quiénes eran. Por ejemplo, cuando traduje algo y vi que lo doblaron Paco Gázquez, Juan Carlos Gustems, Alicia Laorden o Antonio Lara, me alegré porque eran las voces que me había imaginado. Eso me pasó con Britannia, también. Cuando traduje al personaje de Aulo Plaucio, que es interpretado por el actor que hace del Gobernador en The Walking Dead, yo me lo imaginaba con la voz de Juan Carlos Gustems. Cuando vi que era Juan Carlos Gustems pensé: «qué maravilla», porque era justo como me lo imaginaba. Hay actores con los que has crecido, como Miguel Ángel Jenner, que dobla a Samuel L. Jackson, y llevo oyendo su voz desde El Rey León, donde doblaba a Pumba. Claro, cuando ves una serie que has traducido tú y oyes a Miguel Ángel Jenner, mola. O en Wynnona Earp cuando oyes a Iván Muelas, que es Fry en Futurama o Benedict Cumberbatch, y dobla a Doc Holliday. Ahí está la línea entre fan y profesional. Como profesional, evidentemente, me gusta ver algo bien doblado. Como fan, me gusta más todavía. De hecho, tengo contacto con ajustadores y muchos también son actores de doblaje. Por ejemplo, Ricky Coello ajustó, dirigió y dobló a Ricky Gervais en David Brent: Life on the road. Antonio Lara, que dobla a Joe Pesci, por ejemplo, me ha dirigido alguna peli de cine. Me llamó hace tiempo para decirme que había dirigido Britannia y que estaba muy contento. Me alegré porque él dirigió el doblaje de El Rey León, que es la primera peli que yo vi en cine. Son cosas que molan. A Rodri Martín, que dobla a Morty en Rick y Morty, le dije por Twitter que se viniera a los premios ATRAE de hace dos años, ya que vive en Madrid. Y fue. Mola porque también ha doblado cosas que he traducido yo. Al final los actores de doblaje y los traductores somos una cadena. Son eslabones distintos, pero somos «del mismo gremio». El gremio del doblaje en sí abarcaría a actores y actrices, evidentemente, pero también a los directores, a los técnicos de sonido, a los de producción, a los traductores, etc. Es una forma de hacer equipo que a mí personalmente me gusta; me gusta llevarme con la gente con la que curro. Por Twitter nos seguimos y hablamos de cosas casuales. Pero me gusta saber que ellos están ahí y que sepan que yo también estoy ahí, porque si tienen cualquier duda te pueden llamar. Igual me ha llamado algún actor para que le confirmara alguna cosa que estaba doblando y está guay. Hay traductores que pasan de esas cosas, pero yo creo que al final beneficia a todo el mundo porque cuanto más contacto haya en el equipo, mejor.

P: ¿A qué profesionales de la traducción admiras?

R: Pues a Quico Rovira-Beleta, Josep Llurba, María José Aguirre de Cárcer… Por Dios, María José Aguirre de Cárcer tradujo Los Simpson y Seinfeld, mis dos series favoritas. Además, entre Perdidos, Los Simpson y Futurama, ha traducido la infancia/juventud de toda nuestra generación. Darryl Clark, que también es un titanaco, tradujo Friends, otra de las series que he visto mil veces. Nino Matas, por supuesto, que tradujo El Señor de los Anillos, entre mil cosas más. Me voy a dejar gente, seguro. Me gusta mucho también cómo subtitula Victoria Tormo, que es de aquí de Valencia, porque subtitula muy guay. También me gusta mucho cómo ajustan Gonzalo Abril y Rafa Calvo. He trabajado con Ricky Coello y también me gustan mucho sus ajustes. Hay ajustadores que, cuando ajustan, lo que cambian lo hacen a su tono. Lo que hace Ricky es ajustar al tono de la traducción. Parece una tontería, pero no lo es para nada. Pedro Tena también hace lo mismo, es decir, cuando cambia, mantiene el mismo tono. Eso no es tan fácil como parece. También hay traductores como Ramiro de Maeztu o Vicente Molina Foix, que tradujo El sargento de hierro. Lo que pasa con los traductores de hace unas décadas es que a lo mejor no aparecen en eldoblaje.com, que es donde yo me documento para estas cosas, porque los datos se han perdido. Hay datos de traducciones de los 70, pero faltan muchísimos. De los años 30, 40 o 50, salen los actores, pero el traductor… Las voces de los actores aparecen porque la carrera de un actor de doblaje puede durar 60 años. Por ejemplo, Pepe Mediavilla, que falleció hace no mucho, llevaba más de 50 años doblando. Y tenía 77 años. Hay muchos traductores buenísimos que, por ser de una época previa a Internet, no se sabe quiénes son, y es una pena. Luego, también hay muchos traductores que son muy buenos y que no se prodigan en redes y ahí están. Trabajan muy bien y no sabes quiénes son. Es una pena también. No puedo mencionar a todos, pero Quico, Josep y María José serían para mí los 3 top. La Santísima Trinidad. Hay muchísimos más, por supuesto, pero hablo sobre todo de audiovisual porque es lo que controlo. En literaria me gusta mucho cómo traducen Manuel de los Reyes y Pilar Ramírez Tello. De hecho, yo tenía un libro de Terry Pratchett que no sabía que había traducido ella. Claro, yo vi su nombre cuando leí el libro con 14 o 15 años y cuando vino al ENETI se lo di para que me lo firmase. Javier Calvo, si no me equivoco, también tradujo la última etapa de Pratchett y estaba muy bien. Además, lo revisaba Manu Viciano, que tenía una web de fans de Mundodisco, La Concha de Gran A’Tuin. Hacía anotaciones, comentaba fallos de traducción y explicaba cosas del libro, un currazo de narices, traducidas además del L-space, que era una web de fans de Pratchett en inglés. Al final lo contrataron para revisar las traducciones de Pratchett y acabó traduciendo la saga juvenil de Tiffany Dolorido. Manu traduce muy bien también, debo decir. Por ejemplo, la segunda de Daredevil, The Punisher y The Defenders son suyas también.

Parte II: la vida del traductor autónomo, titanes de la traducción y otras cosas serias.

P: ¿Crees que trabajar como autónomo trae más beneficios que trabajar en plantilla?

R: Sí, económicamente. Trabajando las mismas horas, suponiendo que traduzcas a X ritmo, ganas más como autónomo. Trabajas en casa, que para mí es una ventaja maravillosa porque los días que llueve o hace mucho calor no tienes que salir. Algunos dicen que así estás muy aislado, pero si un día no salgo, por ejemplo, interactuaré por redes sociales o ni eso. Pero si salgo para quedar con alguien es porque quiero. A lo mejor voy a sonar un poco vinagres, pero lo de tener que relacionarme por obligación a mí no me gusta. Eso también va con la persona. Te puedes ir a un coworking también. Yo de los coworkings paso porque no puedo ir en pijama, pero realmente están guay. En cuanto a lo de hacerte tus propios horarios, sí y no. Si tienes que hacer un trabajo y sabes lo que vas a tardar, te tienes que organizar, pero es verdad que, si por ejemplo tienes que irte de viaje y no te viene bien hacer ese trabajo, a costa de que no lo cobrarás, evidentemente, puedes darte el día libre tú mismo, no lo tienes que pedir. Si estuvieras trabajando en plantilla, tendrías que pedir los días y te los darían o no. No es que puedas hacer esto todas las semanas porque al final no te llaman, pero si cumples siempre y avisas de que, por ejemplo, habrá tres días este mes en los que no estarás disponible, no te ponen ningún problema. Personalmente, estoy contento con mis clientes porque me dan facilidades y eso lo valoro mucho, más que tener que ir a fichar. También tiene su inconveniente y es que a veces igual tienes que trabajar más de ocho horas porque te han cambiado los plazos o algo así, pero bueno, eso cada uno verá si le compensa. A mí me compensa. Si a mí ahora mismo me dijeran que me contratarían en plantilla por el mismo dinero, no aceptaría. Pero porque me gusta mucho estar en pijama.

P: ¿Y qué hay de las desventajas?

R: Pues no saber cuánto vas a cobrar, evidentemente. Aunque también es verdad que, si ya estás más o menos establecido, aunque no sepas lo que vas a cobrar cada mes, sabes que no vas a bajar de una cantidad determinada porque ya tienes unos clientes que te han dado un flujo estable. Hay meses que tengo más trabajo y meses en los que quizá tenga un poco menos, pero ya llevo mucho tiempo que no bajo de un mínimo. Para mí eso es como mi sueldo estándar. La estabilidad sí que tarda en llegar, claro. Yo al principio tenía la tarifa reducida de autónomos con la que pagas 50 euros durante seis meses y luego 80. Eso lo cubría. Solo hubo un mes que no cubrí nada porque no trabajé nada, literalmente. Si trabajas bien, no entregas las traducciones tarde y si son correctas y de calidad, seguirán contando contigo. Y claro, te irán dando proyectos mejores que estarán mejor remunerados. A fuerza de traducir, el trabajo cunde más y vas más rápido. La traducción es práctica también. Al principio estás más inseguro, pero vas cogiendo confianza porque cada vez tardas menos y hay mejores proyectos. En audiovisual, el documental se paga peor que la ficción. Se suele empezar por documentales, que tienen mucho más texto que una serie. Entonces, al principio facturas menos, pero si vas ascendiendo, te dan series, películas, luego películas de cine… Al final llega un punto en el que ves que de esto se vive y además se vive bien. Pero no es en los primeros seis meses ni mucho menos. Yo tardé como unos dos años y medio en decir «vale, guay» y luego tres años y medio en decir «¡ah, muy bien!». Y ahora mismo estoy muy contento. Evidentemente, esto es como en todos los sectores. Por ejemplo, no todos los que estudien medicina o aeronáutica van a ejercer, pero se puede ejercer y vivir bien. Además, estamos en un momento buenísimo para la traducción audiovisual porque tenemos Netflix, Amazon, HBO… Nunca han llegado tantas series y tantas películas a España como ahora. Ahora mismo hay muchísima más demanda que hace seis años.

P: ¿Para empezar a traducir cine tienes que haber traducido series?

R: Sí. En mi caso fueron documentales y docu-realities, alguna serie esporádica, algún telefilm, luego cada vez más telefilms y series y menos documentales… Ahora ya compagino series con cine. Ya no hago telefilms de sobremesa, sino algunas pelis para plataformas de VOD, películas para distribución… Sony y Warner, por ejemplo, lanzan películas a mercado doméstico, o sea, en digital o Blu-Ray. Pues de esas he hecho unas cuantas también. El telefilm de sobremesa tampoco hay que despreciarlo porque, aparte de que se paga al mismo precio que una de doméstico, lo bueno de los telefilms es que se repiten mucho en la tele y eso repercute en los royalties. Te van dando cosas que, por decirlo de alguna manera, al cliente le supone un mayor volumen de beneficio para él. Por eso los grandes blockbusters los traduce gente como Quico Rovira-Beleta, María José Aguirre de Cárcer, Josep Llurba… Claro, porque son gente que llevan 25 o 30 años de carrera. Marvel, Paramount o Disney, cuando sacan cosas como Star Wars o Los Vengadores, saben que sacarán mucha pasta porque mucha gente las verá. Por eso quieren que las traduzca alguien que ya saben que va a cumplir. Es normal. Además, hay huecos para todos. Yo tengo 28 años, pero también traduzco cine. ¿Traduzco Marvel? No, pero por ejemplo hice un wéstern austríaco, El valle oscuro, que está muy bien e incluso tiene premios. También he traducido Siete deseos, que es de terror, Noche de venganza, que es de Sony, con Jamie Foxx, tengo algún estreno ya traducido para este año… Es hacerte hueco, pero como en todos los trabajos. Quien sea ingeniero no va a ser jefe de la central en su primer año, pero poco a poco se va subiendo. Además, lo bueno de ahora es que hay documentales superinteresantes. Hace algún tiempo hice un documental que se llama Cuba a través de la cámara, de Jon Alpert, que empezó a ir a Cuba en los años 60 o 70. Cada década volvía y seguía a tres familias. El documental te va enseñando cómo avanzan sus vidas, es decir, la situación del país, y es muy interesante. Hay gente que dice que traducir documentales no es traducción audiovisual. No, sí que lo es. Y traducir docu-realities también es traducción audiovisual, igual que traducir un spot para que salga de anuncio en YouTube. Todo es igual de digno.

P: ¿Cuántas horas sueles trabajar al día?

R: Para mí lo ideal es trabajar desde las 7:30 hasta las 14:00 h y ya no trabajar más, con lo cual son unas seis horas y media, siete horas. Intento no pasar de siete horas, más que nada porque, igual que con todo, te vas cansando. Al final suelo trabajar ocho horas, pero intento trabajar menos por el derecho a la pereza que reivindicaban Lafargue y Javier Krahe, ¿no? Bueno, acabo trabajando ocho horas, pero ya de la hora séptima a la octava noto que voy a remolque. Claro, traducir no cansa físicamente, pero mentalmente sí. Y no es lo mismo traducir una serie que es de diálogos muy de andar por casa que traducir una cosa que tiene terminología especializada. Entonces ves que has trabajado ocho o nueve horas, pero lo que has trabajado las últimas dos horas, cuando lo vas a revisar, te das cuenta de que tienes que cambiar un montón de cosas porque no andabas muy fino. Al final, lo normal es trabajar ocho horas. Sí que hay períodos en los que tienes más trabajo, te han cambiado un plazo, se te ha adelantado alguna cosa. Esto pasa a veces cuando, por ejemplo, un material iba a llegar cierto día, pero ha llegado antes o, más comúnmente, ha llegado después. Entonces ya se te solapa con otra cosa. Igual tienes que trabajar diez horas alguna vez. Por eso recomiendo mucho saber organizarse y comprarse una agenda de papel, para que puedas abrirla, saber lo que tienes esta semana y, si te mandan algo, a golpe de ojo veas si puedes hacer la traducción o no. Eso se va aprendiendo también sobre la marcha. Yo al principio me organizaba peor que ahora. Ahora, sí son ocho horas, pues son ocho horas. Hoy voy a poder trabajar siete horas, ¡viva! O seis horas, ¡fua! ¡El otro día trabajé cinco horas! Porque todo lo que tenía que hacer lo hice y dije, pues ya está, no voy a hacer más. Pero bueno, ocho horas es lo estándar. Y si estás traduciendo una serie, cuando a lo mejor llevas seis episodios, conoces más al personaje y te cuesta menos traducirlo. Lo peor siempre son los primeros episodios porque no tienes calado al personaje y no sabes por dónde va a salir. Cuando ya le coges el tono, tardas menos. Por ejemplo, con la primera temporada de Día a día tardé más que con la segunda. En la segunda ya me conocía a todos los personajes, sabía cómo eran y su idiolecto me salía más directo.

P: ¿Cuánto tardas en traducir un episodio?

R: Depende muchísimo de la serie. Cortesanas, por ejemplo, es una serie ambientada en el siglo XVIII y va sobre dos burdeles, uno de clase alta y otro de clase baja. Hay un montón de terminología soez. Claro, con la terminología soez a día de hoy, cero problemas. Pero ¿en el siglo XVIII? Núria Molines me pasó un recurso tremendo, que es el Tesoro lexicográfico de la RAE. Tiene diccionarios escaneados desde el siglo XIV hasta hoy, te permite buscar una palabra y te dice en qué diccionarios sale, y te pone que, por ejemplo, la palabra existía, aunque no se usaba con la misma acepción. Entonces, con Cortesanas tardaba mucho porque, aunque eran 45 minutos, que es lo estándar, tenía que buscar un montón de palabras y ver con qué acepciones se usaban. Tardaba 15 minutos en encontrar una palabra. Luego me las apuntaba e iba acelerando. Pero con eso tardaba todo el día. Lo bueno es que no te mandan siete episodios a la semana. Con Cortesanas creo que tenía tres episodios cada dos semanas, entonces le dedicaba dos días más la revisión, que igual era de tres horas, y el resto lo tenía para otras cosas. Los estudios saben que no estás trabajando solo con un encargo, así que no te pedirán siete episodios a la semana. A veces te pueden pedir tres, pero lo normal es que te pidan uno o dos, que es más que razonable para que puedas compaginarlos con otras cosas. Con Cortesanas tardé un montón, pero con un episodio de comedia de 20 minutos igual tardo media jornada, más la revisión. Veo el vídeo cuando me llega, luego traduzco el guion sin el vídeo, y luego reviso con el vídeo. Lo veo dos veces, como mínimo. A veces, si tengo tiempo, lo dejo y luego lo vuelvo a revisar.

P: ¿Qué pasa con los estrenos simultáneos?

R: Te envían los vídeos con más margen de lo normal. Lo que conlleva muchas veces a que trabaje con preliminares, es decir, cuando no está terminado el episodio, pero van a doblar lo que hay. Cuando llega la versión final, que igual tiene 10 o 20 cambios, se doblan esos cambios y se entrega. Claro, hay que cambiar cosas, pero si hay que hacer 20 cambios, se tarda menos en hacer eso que en que llegue el final y tener que hacerlo todo porque, si te esperas hasta entonces, igual has perdido una semana. Del preliminar al final puede haber una semana de diferencia. A veces los cambios son muchísimos, pero normalmente son 20 o 30. Se hacen y ya está. Ahora se trabaja de forma muy parecida a cuando se traducen los grandes estrenos de cine. Se trabaja con Preliminar 1, Preliminar 2, Preliminar 3, para así ir comiéndole tiempo al reloj y poder sacar el producto a la vez. Básicamente, luchar contra la piratería. Por eso Netflix hace estrenos globales de todas sus series originales y HBO, igual. Si Preacher sale en AMC el jueves, el viernes lo tienes. La última de Sherlock salía en la BBC un domingo y el lunes a las 00:01 ya estaba en Netflix.

P: ¿Tiene las mismas dificultades traducir para doblaje que traducir para subtitulado?

R: En ambas hay problemas de tiempo, evidentemente, pero por ejemplo en el doblaje, si tienes un diálogo de tres personas, hay que traducir a las tres. En subtitulado no, porque no puedes tener tres líneas de diálogo. Dos, como mucho. Entonces, ¿a quién quitas? En subtitulado se sintetiza más que en doblaje, por norma general. Además, en doblaje tú traduces y luego el ajustador pule el texto para que entre en boca. En subtitulado, tienes que hacer tú ese ajuste para que entre todo. En traducción para doblaje también hay que hacerlo porque un traductor audiovisual que traduzca sin pensar en el tiempo no lo está haciendo bien. Pero los retoques de las labiales y todo eso es cosa del ajustador. En el subtitulado también tienes el límite de caracteres y los cambios de plano, aunque cuando traduzco para subtitulado, la plantilla no la hago yo. Es decir, traduzco con la plantilla hecha y no tengo que meter los tiempos. De eso no me tengo que preocupar, pero bueno, para quien subtitula y pauta, o sea, quien hace todo, es distinto. En la traducción para doblaje tienes que añadir los gestos y eso en la traducción de subtitulado no se hace. Cada modalidad tiene sus cosillas.

P: ¿Es posible vivir de la combinación de traducción literaria/audiovisual?

R: Supongo que sí. Bueno, lo primero que hice de literaria fue El código del cazador de recompensas, un libro de Star Wars, y lo segundo fue un libro de The Walking Dead, La caída del gobernador. Luego solo hice audiovisual. También colaboré con Diego de los Santos en un libro sobre Neil Gaiman. Fue maravilloso porque conocía ese libro en inglés. Cuando me llamó para decirme que necesitaba ayuda con el libro porque no le daba tiempo y que había hablado con la editorial, que le había dicho que no había problema, le dije «sí, genial, pero hablamos luego porque voy a ver a Neil Gaiman». Se rio, pero lo decía en serio. Estaba haciendo cola para ver a Neil Gaiman porque había venido a Bacelona y yo me había desplazado adrede desde Valencia. De hecho, antes había estado en la firma de la Fnac y por la tarde iban a hacer una conferencia. Me había enterado de que iba a traducir un libro de Neil Gaiman esperando a Neil Gaiman. Yo supongo que sí que se puede vivir de esta combinación porque conozco a mucha gente que vive de la audiovisual y a gente que vive de la literaria, con lo cual, si se puede vivir solo de una y de la otra, con las dos también. Manu Viciano, por ejemplo, hace traducción literaria y audiovisual. Cuando yo revisé Star Trek: Espacio profundo, la tradujo él. Estaba muy bien. Y hasta donde yo sé, Manu vive bajo techo. Además, el pelo lo lleva lustroso. Eso es que compra champús buenos.

P: ¿Qué beneficios aporta pertenecer a una asociación y por qué son tan importantes?

R: Asociarse siempre está bien porque conoces a gente que te puede ayudar. Como he dicho antes, en las redes puedes conocer a gente que te puede echar un cable en el futuro. Además, las asociaciones suelen ofrecer descuentos en cursos y montar sus propios congresos, en los que si eres socio la asistencia te sale más barata, y suelen compartir recursos. Algunas tienen bolsa de trabajo, como ATRAE. Supongo que otras también, pero es que yo solo estoy en esta asociación. También estuve en AETI en el año de prórroga, porque me enteré de que existía cuando ya estaba graduado. Ya estaba la revista TeInteresa –¡leed TeInteresa!– y estaban los recursos que compartís, como el boletín. Yo, a favor de asociarse. A fin de cuentas, la unión hace la fuerza.

Parte III: en la que tratamos cuestiones de moda y descubrimos el origen de una pasión.

P: Vamos con la última pregunta. Cuéntanos la historia de tu boina.

R: Sí, la que estaba esperando. Por eso accedí a esta entrevista. Yo empecé a llevar boina en enero del 2009. Todavía tendré el tique de la primera boina. Pensé, «fíjate, qué guay, te la pones con una chaqueta de cuero y queda bien. Te la pones con una americana y también queda bien. Si no te la calas como un gañán, también queda bien. Fíjate, qué versatilidad, algunas con una visera plana, otras abombadas, así de estilo decimonónico como para repartir periódicos…». Un colega se compró una y dejó de llevarla enseguida. Yo también me compré una y seguí llevándola, y seguí llevándola… Hoy me he comprado una, de hecho. Ya tengo unas 20 boinas. Tengo una de ante azul alemana, una de tela irlandesa, que es de retales y está hecha a mano en Bélgica, una de algodón impermeabilizado, etc. Tengo la que llevo hoy, que en realidad es una gorra, pero está hecha a mano en Polonia por una empresa que se llama Sterkowski. Es una empresa familiar que hace gorras, sombreros y boinas desde 1926, es decir, llevan cuatro generaciones. Esta es la penúltima que me compré. Es un vicio, pero bueno, peor es fumar, ¿sabes?

P: ¿Te sientes incómodo si no llevas boina?

R: Claro, me siento como desnudo. Es como cuando no voy en pijama, me siento disfrazado. Pues si voy vestido y sin boina estoy como mal. Lo bueno es que, si luego me la quito, no me conocen. De hecho, me ha pasado un par de veces que no me reconocieron sin la boina. Y es que es igual, pero sin una gorra… Y, si ya me pongo las gafas…

P: ¿Algo más que quieras añadir?

R: Ah sí, que la gente vea doblaje o versión original subtitulada, pero que no dé el coñazo a los demás, por favor. Eso es lo que yo pido. Quien ve V.O.S.E. suele decir que los que ven doblaje son unos paletos, y los que ven doblaje dicen que los que ven V.O.S.E. o sin subtítulos son unos esnobs y unos pedantes. Ni una ni otra, vedlo como os dé la gana. La moraleja es: no seáis pesados.