Charla sobre traducción con Reyes Bermejo y Carlos la Orden

Entrevista realizada por Laura López Armas, transcrita por Rebeca Barrero Medina y Cristina Villalba Pachón y corregida por Rubén Benítez Bravo.

Laura López: Buenas tardes a todos, soy Laura López Armas, de Laura Traducción, y estoy aquí con Reyes Bermejo y Carlos la Orden Tovar en las Terceras Jornadas de Traducción de Canarias (TRADICAN). Hemos venido aquí a charlar un poquito de traducción con ellos y después de las dos ponencias que han dado, que me han encantado, y a todos los estudiantes también, podemos empezar por preguntar cómo empezaron en el mundo de la traducción.

Carlos la Orden: Pues yo antes de empezar con esto de la traducción era maestro de inglés, de escuela. Estuve un año por Inglaterra pero luego me volví, echaba un poco de menos el terruño, y me decidí a estudiar Traducción e Interpretación. Luego descubrí que me gustaba tanto o más que la docencia; al final he terminado combinando las dos cosas. Yo terminé Traducción en el 2001, en Soria. Cuando yo estudié era bastante reciente la facultad, soy de la tercera promoción, y desde entonces también he estado trabajando en empresas. Ha habido algunos años en los que nunca he perdido el contacto con la traducción, pero me servía más para redondear y luego con los años ha ido aumentando. Ahora me dedico a tiempo completo, no a la traducción, sino a todo este caldero que hay de formación, tecnología, traducción, localización…, al que he llamado Insideloc y que me permite entre otras cosas poder venir a estas ponencias y pasar una buena tarde y poder levantar hachas. [Risas]

L.L.: ¡Por Reyes!

Reyes Bermejo: Yo empecé más o menos igual, lo que pasa es que yo sí que me he dedicado desde el principio y solamente a la traducción. Yo estudié Traducción y yo sabía que quería estudiar Traducción. Bueno, empecé con Turismo, luego hice la Filología, pero era todo para acceder a la traducción al final. Lo hice en Salamanca, me licencié en 2002 y ya está. O sea, me monté el chiringuito e hice unas prácticas en la ONU de un par de meses en Nueva York. Me vine y con los ahorrillos que cobré en Nueva York (que cobré pasta) pues me independicé de casa de mis padres, me compré un ordenador, me puse una web y tal y dije «¡Voy a buscar clientes a ver qué pasa!» y, oye, pues desde entonces no lo he pensado mucho. He seguido, dejándome un poco llevar, cosa que no significa que no fuera duro, que no fuera difícil, que hay que perseverar un montón, que hay que pasar vacas flacas, vacas gordas, que se pasa mucho estrés cuando tienes curro y mucho estrés cuando tienes poco, pero ahí he estado. Sí que es verdad que por ejemplo cuando empecé tuve la suerte de que enganché trabajo con una empresa de servicios lingüísticos, de traducciones y tal, para editoriales de Estados Unidos y con eso sí que empecé con un cliente que me mandaba el grueso de mi facturación durante los primeros años, pero a la vez como no estaba en plantilla ni estaba casada con nadie, me permitía empezar a buscar otros clientes y diversificar, pero ellos me ayudaron mucho. Entonces yo hay veces que lo que aconsejo a la gente es que a lo mejor pueda empezar, no te digo ya con un trabajo a media jornada, porque entonces ya no tendrás tiempo para traducir, pero clasecitas particulares, tener un curro de fines de semana, currar los martes y los jueves por la tarde en no sé qué tienda… Con eso tienes unos poquitos ingresos que te ayuden a empezar a arrancar.

C. L. O.: Que luego puede salir trabajo de donde menos te lo esperas. En realidad yo, que me dedico una buena parte a la localización de software, cuando llegué había hecho también unas prácticas en la Comisión Europea, en Luxemburgo, y cuando volví a España fui a Madrid y empecé a trabajar en Nokia. Yo trabajaba en Atención al Cliente, primero cogiendo llamadas, y después como formador de tecnologías. Mientras tanto, yo que trabajaba en eso que no tenía nada que ver obviamente con la traducción aunque empleaba idiomas, vi que nos llegaron unas peticiones para revisar unos manuales y la interfaz de usuario de los teléfonos que iban a sacar. Entonces dijeron: «Necesitaríamos a alguien que coordinase el proyecto», y dije: «Pues si yo soy traductor…». Entonces, como estaba muy metido en tecnología, obviamente, porque trabajaba en una empresa tecnológica, a partir de ahí empecé a desarrollar esa faceta, que no es que la tuviese olvidada (hacía traducciones por las tardes, en tiempos muertos), pero luego después fue creciendo y definiendo mi perfil. Luego cuando me fui a Italia entré en una empresa de localización gracias a esa combinación y luego se ha ido hilando así, según van viniendo las cosas.

L. L.: ¡Qué bueno! Y entonces, por ejemplo, para alguien como yo que está empezando y que es nueva autónoma, por así decirlo, traductores noveles que empiezan… Yo sé que es difícil poner un tiempo y que unos tardan más y otros tardan menos, pero ¿más o menos cuánto tardaron ustedes en empezar a poder vivir de la traducción?

C. L. O.: Yo no me considero un ejemplo válido porque lo he estado combinando con bastantes cosas, entonces ni siquiera a día de hoy… Vivo completamente de esto, desde luego, pero yo también tengo la formación, la docencia, las clases. Muchos de los traductores nos dedicamos a ambas cosas.

R. B.: A mí las clases me pagan el autónomo. De las clases de la universidad no puedo decir que viva de ello. De hecho, las clases de la universidad o estas cosas como dar charlas y tal son muy gratificantes y es estupendo, te permite viajar y conocer gente y eso es fantástico, pero sobre todo lo considero una cuestión de higiene de mercado, de intentar velar por que quienes salgan al mercado salgan orientados, que sean compañeros que hagan las cosas con cabeza, que escarmienten con la experiencia ajena y que no tropiecen con las mismas piedras que has tropezado tú…

C. L. O.: Estás intentando colaborar a que el estándar, a que la media de calidad suba. Y sube también la percepción que van a tener de ti mismo, porque estás en un sector que está cada vez mejor valorado, y si está mejor valorado también y has podido aportar tu granito de arena… Pero volviendo a la pregunta de los años, pues yo diría que si te pones a ello, es decir…

R. B.: A full.

C. L. O.: A full, pero estableciendo un plan. Hoy en día somos muchos los que dedicamos ya a esto desde hace un tiempo, hay un montón de gente buenísima que trabaja como traductor y que ya tiene la estrategia, que se ha sabido buscar las castañas… Entonces, es muy fácil acceder a esa información. Una vez aprendes a crear tu estrategia para buscar clientes, filtrarlos, y también a lidiar con las negativas, a que no vas a tener todo inmediatamente. Yo creo que en dos o tres años te puedes hacer una cartera de clientes maja. Luego depende también de si decides ir a agencias puede que se agilicen un poco los tiempos, pero también vas a depender más de esas agencias y no tanto de ti mismo. Pero esos dos o tres años dedicarte en cuerpo y alma, sobre todo los primeros años a definir tu estrategia, no a decir: «Voy a mandar currículums a todo lo que se menee. ¿Por qué no me llaman?». Si estás cometiendo algún error y estás haciendo todo el rato lo mismo, es decir, si el mando a distancia no funciona [le da golpes a un mando imaginario].

R. B.: Muévelo, apriétalo bien.

C. L. O: Aunque lo aprietes y le des tortas a la tele… Intenta cambiar la estrategia, refínala constantemente y entonces, cuando ves los errores que has cometido y qué cositas te funcionan mejor que otras, empiezas a dedicar más energía y más tiempo a eso que te está funcionando, por muy tímido que seas. Al principio no te van a llover los clientes. Si ves que un cliente te ha llegado porque te has dirigido a él de una manera determinada, te has acercado a él a través de un evento, has hablado con él sobre ciertos temas que igual no estaban directamente relacionados con la traducción…, pues intenta explotar eso. Intenta probar esa técnica que te ha funcionado, esa carta, con otros clientes y ver si funciona mejor. No va a funcionar siempre, ojo, no hay fórmula mágica, si no, no estaríamos aquí…

L. L.: No, claro.

C. L. O.: Te estaría hablando desde el Maserati con mis anillos de oro [risas], pero sí que es verdad que algunas técnicas funcionan mejor que otras y cuando aprendes a entrelazarlas todas de una forma coherente y logras hacer que todo eso fluya de una forma que te haga sentirte cómodo y no tener esa sensación de «¡Madre mía, me tengo que ocupar de demasiadas cosas a la vez!»…, eso lo da la experiencia. Luego ya el acostumbrarte a trabajar de una forma u otra. Dos, tres años, luego ya empiezan a hilar las cosas, a fluir.

R. B.: Sí, yo coincido con él. De hecho yo por ejemplo, cuando empezaba, escuchaba a mis mayores en esto de la traducción (que no tienen por qué ser más mayores, pero llevaban más años que yo) y todos más o menos también decían eso, que dos o tres años. No es tanto vivir de la traducción, que a lo mejor puedes empezar a vivir de la traducción antes, pero sí eso de conseguir una estrategia, tener una cartera de clientes más o menos estable, un poco ya poder relajar esos primeros compases de «¿qué va a ser de mi vida?» y ya poder tener una mínima estabilidad, regularidad de ingresos…, ese tipo de cosas. De hecho yo siempre digo lo mismo; yo en estas charlas, y cuando hablo con mis alumnos y les cuento lo del mercado, doy los mismos consejos que me dieron a mí y que a mí me funcionaron. Cuando mis alumnos ya llevan dos, tres, cuatro o cinco años en esto me dicen: «Oye, la verdad es que tenías razón con estos consejos, que efectivamente no es todo de color de rosa, que tal y que cual, pero es verdad que poco a poco…».

L. L.: También es un poco como nos lo pintan a veces a los estudiantes. «Olvídense de vivir de la traducción».

R. B.: No, no y no.

L. L: Porque eso la verdad que embajona un poquito al principio.

R. B.: Normal, normal.

C. L. O: Aquí tienes a dos que efectivamente vivimos de esto, pero es que hay muchos que se dedican exclusivamente a la traducción. Y que eso lleva un tiempo, y luego tienes que aprender también a lidiar con las negativas y con el fracaso. Yo he estado mandando currículums. Decía: «Vamos a personalizarlos un poco, a ver si suena la campana», pero algo había en esos correos que estaba haciendo mal, porque no me contestaba prácticamente ninguno. Y entonces luego vas hilando fino, pero tienes que equivocarte para poder partir de ello.

R. B.: Claro y cada uno es un mundo. Yo conozco a gente que dice: «Yo jamás he conseguido un cliente con una prueba de traducción» y hay otros que te dicen: «Yo todos». Herminia lo decía en la mesa de la CITA: «Yo jamás he conseguido un cliente mandando un currículum, yo necesito el hablar, el piel con piel. A mí me sale mejor venderme en directo».

C. L. O.: Sí.

R. B.: Hay gente que te dice todo lo contrario, que lo que prefieren es el frío e-mail.

C. L. O.: Por correos yo tampoco, muy poquitos, pero hay gente a la que le funciona.

R. B.: Es que cada uno tiene que buscar un poco su manera. De hecho, a mí me pasa mucho. Yo empecé hace 15 años y la gente me dice: «Ya, es que cuando tú empezaste el mercado era de otra manera y ahora está la traducción automática, y ahora han venido las plataformas de audiovisual, y es que está todo peor, y la crisis…». Y les dices que sí, que las circunstancias de cuando yo empecé y las de hoy no tienen nada que ver, pero es que las circunstancias de los que me daban a mí consejos, tampoco. Esos eran de los que habían trabajado sin internet y antes de la traducción asistida. Y da igual, porque la base, lo básico de estos consejos, la columna vertebral, funciona igual y vale igual. Da igual cuanto cambien las circunstancias porque no dependen de esos factores secundarios…

C. L. O.: Cambia el contexto, pero también tienes que aprender a extrapolar lo que te dicen y a saber aplicarlo a las circunstancias actuales. Porque, obviamente, el mercado cambia y las tecnologías cambian y los problemas a los que nos vamos a enfrentar para conseguir clientes dentro de diez años, ahora mismo no los podrás ni imaginar.

R. B.: Serán completamente diferentes.

C. L. O.: Puedes anticiparlos porque puedes ver un poco por dónde van a ir los tiros, por ejemplo, con la traducción automática van a generarse distintos tipos de figuras profesionales. Yo defiendo la traducción automática y trabajo mucho con ella, de hecho, creo que está aportando cosas. No nos está quitando el trabajo, se está generando una cantidad de contenido, que el ser humano es incapaz de ocuparse de todo.

R. B.: Claro.

C. L. O.: Entonces, hay una parte que está destinada ya desde que nace a ser procesada para posedición, hay otra que no va a ser ni poseditada,hay otra que no solamente va a necesitar una manita de chapa y pintura, sino que va a necesitar reestructurarse por completo y hay otra que no se va a poder pasar por las connotaciones que tiene, por lo fino que hila el idioma en determinado tipo de textos, ahí va a hacer falta un traductor humano. Se trata simplemente de distintos tipos de mercado para un volumen que es muchísimo mayor. Es como decir: «Es que no se vende online, es que están cerrando las tiendas». ¿Qué volumen de negocios genera el negocio online ahora mismo? ¿AliExpress? AliExpress hace unos años no existía.

R. B.: Siempre se dice: «¡Los roboces nos van a quitar el trabajo!». Pues sí, nos quitarán algunos trabajos, pero generarán o variarán otros.

C. L. O.: Yo hasta hace nada, hasta el 2014, estaba trabajando para una empresa de localización y también trabajaba en algunas agencias sueltas haciendo algunos encargos para redondear el sueldo a fin de mes. Pero solo han pasado cuatro años desde que me dedico de lleno a esto en cuerpo y alma, como autónomo son solo cuatro años. Así que en cuatro años te puedes hacer una cartera de clientes, te puedes hacer una estrategia, te puedes hacer un nombre… y luego vas tirando de todas las experiencias que has ido acumulando.

R. B.: Y además somos como Madonna, nos tenemos que reinventar cada equis años. Yo conozco a gente que lleva 30 000 años, que para mí son referentes, que de repente me ha dicho: «Llevo una temporada…». Por ejemplo, los que dependían de clientes muy vinculados a la burbuja inmobiliaria, cuando eso se fue a tomar por culo, a volver a empezar.

C. L. O.: A volver a empezar.

R. B.: Yo conozco a gente que se ha reinventado, que ha diversificado, que ha buscado…

C. L. O.: Te tienes que quitar el diente de oro, que ya no funciona.

R. B.: Tienes que parar y ver por dónde tiras, qué buscas… Hay gente que está haciendo cursos para ser profesor de español para extranjeros o se han hecho community managers, gestores de redes.

C. L. O.: Todo funciona en la medida en que te muevas, que estés siempre en movimiento. Es como los boxeadores, un boxeador siempre está en movimiento, lo primero que le dicen es que mueva muchos los pies…

R. B.: Juego de pies.

C. L. O.: Juego de pies porque así si te dan, si te enganchan en una, no te van a tumbar, pero tienes que estar en movimiento. Tienes que improvisar por si cambian las cosas y van a cambiar.

R. B.: No te puedes quedar parado.

C. L. O.: Yo tengo compañeros que veo en las quedadas que hacemos los powwows de ProZ, no necesariamente viejos, pero que ya tienen una cierta edad y se han acomodado a hacer un tipo de traducción para las que ya no hay mercado. Ha cambiado ese mercado. ¿Qué hacen ahora? No saben, van a internet y les dicen: «Deberías empezar a moverte un poco más» y te dicen que no entienden nada, que qué es eso del blockchain, que qué es eso de la traducción automática, que ellos todavía utilizan Word.

L. L.: Pero no son solo gente mayor como tú dices, sino también recién salidos que se preguntan cómo conseguir trabajo, pero que no se mueven y les tienes que decir: «Haz esto…». Todos hemos tenido que buscar, que informarnos, que movernos…

R. B.: Claro y es que es muy evidente. Tú puedes ser el mejor traductor del mundo, pero nadie va a venir a tu puerta a decirte: «Hola, me han dicho que eres estupendo». No, tendrás tú que decirle a la gente: «Mundo, hola, estoy aquí y traduzco».

C. L. O.: Hasta que consigues crear tracción, es decir, hasta ese momento en el que ya no necesitas mandar currículos, que ya no necesitas estar llamando a puertas y que ya generas el suficiente interés profesional como para que el boca a boca funcione. No simplemente con clientes directos, sino también con compañeros de trabajo con los que estás hablando y mantienes una buena sintonía. Evidentemente, la primera persona en la que voy a pensar es alguien con quien he hablado en persona y que me ha demostrado el interés que tiene por ese sector, que le gusta y va a tratar el texto con cariño, con pasión, y que se va a preocupar de que la calidad sea lo más alta posible.

R. B.: Y otra cosa importantísima es que cuando tú ya empiezas a tener una buena base de clientes y de trabajo, tienes mucho más poder negociador porque ya no te va la vida en que te acepten ese presupuesto. Entonces ya vas de otro rollo.

C. L. O.: Y descubres que muchos clientes iban de farol.

R. B.: Y descubres que ese presupuesto que parecía imposible, porque estás dando un plazo de unicornios de colores y con una tarifa estupenda, pues también los aceptan. Porque tú al principio vas con ese miedo a que te digan que no, pero de repente te dicen que sí, que fenomenal, que sin ningún problema. Lo entregas, están encantados y te felicitan y dices: «Esto existe, no me lo he inventado, esto pasa». Igual que shit happens, pues wonders happen también.

C. L. O.: Y si quieres que trabaje en estas condiciones… Dices una burrada, aprietas y funciona. A veces no, pero a veces sí.

R. B.: De hecho, para mí eso es una actitud en la que siempre digo: «Esto si sale, que salga bien». Quiero decir, si yo ya estoy hasta arriba de trabajo y esto va a suponer tener que apretar un poco más la tuerca y sacrificar tiempo de otras cosas… Coño, si sale que salga en unas condiciones que diga: «Bien y además he conseguido un cliente muy bueno».

C. L. O.: Es una actitud que ayuda a que no acabes quemado.

R. B.: Y cuando preguntabas tú que hace cuánto que no mando un currículum, pues fíjate, true story, ¿eh? La noche del 23 de diciembre, antes de Nochebuena, estaba desvelada y me metí en Twitter, cosa que no hay que hacer, pero bueno, me puse a hacer el pazguato.

C. L. O.: Todo mal.

R. B.: Todo mal, todo mal. Pues yo ya seguía a una chica en Twitter, que es actriz, porque me gustó mucho una obra de teatro que fui a ver y, luego, me enteré por lo que publicaba de que había empezado a trabajar con una cosa de podcasts de ficción sonora que a mí me fascinan y que, además, yo llevo mucho tiempo trabajando con estudios de sonido en distintas variantes. Pues veo que me empieza a seguir justo ese día a la una de la mañana y digo: «Esta es la mía» porque a partir de aquí le puedo mandar un mensaje directo y le pongo que me encanta lo que hacen, que no sé si necesitan gente, si contratan a alguien para traducir, para coordinar, y me contesta que lo que le estoy contando suena fenomenal, que me deja su correo y que le mande el currículum. Cuando lo recibió me dijo que le parecía muy interesante y que se lo había pasado a sus superiores por si algún día necesitaban a alguien para revisar. Y hace un mes me escribieron y me preguntaron si me interesaba revisar unos audiolibros.

L. L.: Qué bueno.

R. B.: Claro, eso lo haces sin presión. Es decir, si yo trabajo tengo de sobra, pero esto me parece muy interesante. Sin embargo, a lo mejor, cuando me lo digas yo estoy hasta arriba de trabajo. Y, a veces, el decirle a un cliente que no tienes disponibilidad hasta cierta fecha, le da hasta buena impresión porque demuestra que tú ya tienes muchos clientes a los que atender y muchos proyectos en curso.

C. L. O.: Y también entienden que estás tú solo, que normalmente no somos una empresa y que también tenemos nuestra vida. Es importante hacérselo ver a veces, sobre todo con lo de los horarios de responder a los correos. Obviamente, quiere sentirse especial, que tú lo mimes, quiere que hagas el trabajo para él con la mejor calidad posible y el plazo más razonable posible, pero también tiene que entender que tú no vas a estar simplemente ahí: «Sí, señor», porque eso te va a perjudicar, porque después él se va a sentir capacitado para poder tocarte las narices a cualquier hora del día, con las condiciones que él dicte.

R. B.: Lo malacostumbras.

L. L.: Sí.

C. L. O.: Lo malacostumbras. Entonces, si lo vicias, pues luego te sale un cliente malcriado.

R. B.: Es como las relaciones de parejas o las de padres e hijos.

L. L.: Hay de todo. Pues nada, creo que se nos está acabando el tiempo y ya les he quitado bastante a ustedes. Muchas gracias por todo y espero que disfruten de esta charla que hemos tenido. Si tienen algún comentario, lo pueden dejar y les contestamos. Hasta luego.