Hablamos con María Rosa Sena, traductora judicial con una larga trayectoria profesional

Entrevista realizada por Isabel Sáez García y corregida  por  Valeria Riaza Gómez.

Tras haber realizado las prácticas del Máster en Traducción Institucional en el Departamento de Traducción de Francés en la Ciudad de la Justicia de Valencia, hemos entrevistado a María Rosa Sena, traductora e intérprete judicial, para conocer más de cerca la profesión del traductor en dicha entidad.

María Rosa Sena es licenciada en Filología Francesa y diplomada en Filología Inglesa. Desde hace 28 años trabaja como traductora judicial en el Departamento de Traducción de Francés en la Ciudad de la Justicia de Valencia.

Pregunta: ¿Es traductora de oficio en la Ciudad de la Justicia de Valencia? ¿De qué combinación o combinaciones lingüísticas se encarga? ¿Cómo consiguió la plaza? En caso de haberse llevado a cabo una prueba, ¿en qué consistió? De haber obtenido plaza mediante oposiciones, ¿cada cuánto tiempo se convocan?

Respuesta: Muchas preguntas, a la primera contesto que sí, soy traductora de la Ciudad de la Justicia de Valencia. Soy traductora del Tribunal de Justicia de la Comunidad Valenciana con adscripción a la Ciudad de la Justicia que es donde estoy trabajando, pero en realidad es toda la Comunidad Valenciana. ¿De qué combinaciones? La oposición era de valenciano y de francés, pero realmente trabajo en francés porque en valenciano hay otra persona que se dedica solamente a valenciano. La plaza la conseguí por una oposición que se realizó en Madrid porque en aquel entonces no estaba transferida la justicia a la Comunidad Valenciana y entonces esto era a nivel nacional. El examen fue en Madrid y ahí me examiné; una primera parte teórica: constitución, etc., como todas las oposiciones; y una segunda parte ya más específica dentro de lo que es la traducción tanto de francés como de valenciano. ¿Y cada cuanto tiempo se convocan? En concreto, desde que nos hemos transferido a la Comunidad Valenciana no ha vuelto a haber ninguna oposición. A nivel nacional sí que ha habido alguna, pero lo que es en la Comunidad Valenciana ninguna.

P: ¿Cuántas personas están a cargo de las traducciones que llegan a la Ciudad de la Justicia? ¿Considera que el número de traductores que trabaja en la Ciudad de la Justicia es apropiado? ¿Con cuántos traductores de francés cuenta la Comunidad Valenciana?

R: Tenemos una traductora de francés, una traductora de valenciano y una traductora de inglés para toda la Comunidad Valenciana. Evidentemente, este número no es apropiado para nada y tenemos que muchas veces contar con la ayuda y desviar algunas a las contratas a las que les hayan adjudicado el servicio. De francés, tal como he dicho, solo hay una.

P: ¿Quién le envía los encargos de traducción?

R: Los envíos me llegan de varias maneras; me llegan bien a través de los juzgados directamente, bien a través de los juzgados que lo envían al servicio de traducciones donde nos englobamos las tres traductoras, o bien los juzgados que por desconocimiento lo envían primero a la contrata y la contrata a su vez lo reenvía al servicio o directamente a mi correo.

P: ¿Qué tipo de documentos suelen ser los más habituales para traducir?

R: Son mayoritariamente comisiones rogatorias tanto de ida como de vuelta con lo cual todo lo que lleva incluida una comisión rogatoria.

P: ¿Cuál es el volumen diario de traducciones que le envían y que puede traducir? ¿Es elevado? Según Ruth y Fernando, los creadores de Traducción Jurídica, un traductor puede traducir entre 2500 y 3500 palabras al día, aunque esto depende de varios factores como son la especialización, el par de idiomas y el nivel de dificultad, entre otros factores.

R: Estoy completamente de acuerdo con la especialización que, en este caso, es altísima porque estamos hablando de traducción, no solamente jurídica, sino también traducción de todos los niveles técnicos. Traducciones técnicas: mecánicos por coches, médicos por diferentes informes hospitalarios; por eso le llamamos judicial y no jurídica, porque engloba muchísimos términos y requiere muchísima especialización. El nivel de dificultad evidentemente es mayor por esta diversidad de lenguajes técnicos y porque se trata casi siempre de traducciones inversas. Luego, el número de palabras, sí, sería correcto lo que pasa que aquí a veces tampoco podemos… porque tenemos que atender asimismo a las llamadas telefónicas, atender el correo, atender una serie de cosas que nos impiden estar únicamente traduciendo. No es solamente traducción lo que hacemos aquí. El volumen diario de traducciones suele ser entre dos y tres traducciones, las que entran a diario.

P: ¿Y anualmente cuántas traducciones le envían?

R: Unas 600, de las cuales realizo unas 250 y el resto las reenvío a una contrata.

P: ¿Los plazos de entrega son muy ajustados? ¿Le mandan traducciones urgentes?

R: Los plazos de entrega sí son muy ajustados. Hay plazos de entrega urgentes tal como órdenes de detención europea, causas con preso, abuso de menores, violencia doméstica, citaciones. Estos son urgentes y hay que ponerlas, como digo yo, encima del montón. Y las demás, sí, siempre son urgentes porque estamos hablando de justicia, siempre hay alguien perjudicado porque se plantean retrasos en la traducción, pero al haber solamente una traductora, a veces tiene que dilatarse más en el tiempo.

P: A veces al traducir no existe siempre un equivalente en la lengua meta o viceversa, ¿qué hace en esos casos? ¿Utiliza algún glosario para tener coherencia terminológica en los términos?

R: Se hace un giro, se cambia y, por supuestísimo, se intenta que en la otra lengua esto tenga un sentido, no se puede traducir palabra por palabra. Por lo que se gira, se busca la forma en la que vengamos a decir lo mismo de la manera más adecuada y acertadamente. ¿Glosario para tener coherencia terminológica? Sí, por supuesto. Después de tantos años sí que tengo un glosario al que acudo y al que me remito.

P: ¿Tiene algún tipo de procedimiento para seleccionar las partes del texto que va a traducir? ¿Esta selección se debe a la falta de tiempo?

R: Sí. Aquí funcionamos de manera diferente a los traductores particulares donde cuantas más palabras mejor, aquí es lo contrario, cuantas menos palabras mejor porque son tantos los textos a traducir y tan poco el tiempo. Intentamos reducir al mínimo. Todos los textos que consideramos que no aportan ningún contenido a la solicitud de cooperación judicial que en su momento se hizo se evitan porque consideramos que simplemente son textos de comunicación que no están aportando contenido.

P: ¿Cómo se ve el mercado laboral de la traducción e interpretación en estos momentos desde la Ciudad de la Justicia?

R: A nivel general lo veo bien porque yo creo que es y será necesario, ya que las máquinas no van a tardar mucho en llegar a estos niveles de especialización y a este ámbito; trabajo sí que va a haber, pero traductora por oposición con una plaza y demás, eso ya lo veo más difícil porque, como he dicho antes, en 28 años no se ha convocado ninguna plaza, pero como externo, pienso que sí hay trabajo.

P: ¿Hay alguna experiencia que le haya resultado especialmente positiva o de la que crea que ha aprendido más?

R: 28 años son muchas experiencias. No te sabría decir, no así ahora mismo a bote pronto. Quizás, lo de tutorizar alumnos de grado o de máster porque, aparte de la experiencia positiva de intercambiar información y este intercambio cultural y generacional y educativo, hace que yo también muchas veces me dé cuenta de lo que sé, de lo que no sé, de cómo puedo explicarlo y de cómo lo he aplicado a lo largo de mi vida. En fin, me hace replantearme mi propia profesión.

P: Para terminar, nos encantaría conocer alguna anécdota que le haya enseñado algo relevante para su profesión o algo que no le hayamos preguntado y que le gustaría comentar. ¿Algún consejo personal?

R: Es una profesión muy bonita, la del traductor en general, pero la del traductor judicial, en concreto, porque engloba tantísimos lenguajes, son tantos lenguajes dentro de un mismo lenguaje. Evidentemente, estamos viviendo la vida de otras personas, a través de los textos. El poder ayudar también a estas personas, te da una pequeña satisfacción decir «he participado y he estado ahí ayudando a que esta persona pueda comunicarse, pueda exponer su problema desde los diferentes puntos desde los que está saliendo». Y luego, aparte es muy entretenido porque siempre es diferente, algunos textos se repiten y es lo mismo, pero mayoritariamente cada día es «¡uy, sorpresa!, a ver hoy qué me toca». Entonces, es casi vivir una aventura nueva todos los días. Esa sería la parte positiva y, nada, yo personalmente disfruto mucho con ello y pienso que muchos podrían disfrutar también.

Muchas gracias, María Rosa, por haber contestado a todas las preguntas y dedicarnos su tiempo.