¡Interprétame esto! Entrevista a Daniel Sánchez

Entrevista realizada por Carmen María Carpena Ortega y corregida  por Marina Gil Puerto.

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Desde que lanzó su campaña, la incoherencia sintáctica, las frases inacabadas, la campechanía, etc. han sido sello y firma del ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha llevado a la esfera política un lenguaje al que no estábamos acostumbrados en tal cargo. Pero ¿hasta qué punto afecta esto al intérprete? ¿Qué diferencia hay entre interpretar a Trump e interpretar una gala de premios? ¿Qué supone un mayor reto? Y, lo más importante, ¿cómo se pueden preparar los estudiantes que quieren ser intérpretes profesionales?

Pues bien, ¿quién mejor que un gran profesional de la interpretación para arrojar luz sobre estos temas? Daniel Sánchez Reinaldo se licenció en Traducción e Interpretación en la Universidad Autónoma de Madrid y estudió durante un año en la Universidad Charles de Gaulle (Lille, Francia). Es traductor e intérprete (inglés, francés e italiano) desde hace más de ocho años y también colabora con TVE. Entre sus interpretaciones más conocidas, se encuentran las de G.W. Bush, Obama y, ahora, Trump. Es el presidente en la sombra…

  1. ¿Cómo empezaste tu carrera como intérprete?

Mi carrera como intérprete la empecé mientras estudiaba Traducción e Interpretación en la Autónoma de Madrid. Tuve la suerte de hacer unas prácticas con Comisiones Obreras para interpretar en reuniones que tenían en algunos organismos internacionales. Fui con ellos a interpretar al Parlamento Europeo un par de veces, a Berlín a una reunión con sindicatos de Alemania, a Barcelona… Fue una experiencia muy positiva y muy enriquecedora para mí porque me permitió empezar a conocer el mundo de la interpretación. También durante la carrera, empecé a interpretar en el Metro Ligero de Madrid, porque una empresa francesa estaba implantando allí un nuevo sistema de gestión informática. Fue mi gran prueba de fuego porque fueron bastantes jornadas a lo largo de un par de años y me permitió curtirme en este trabajo.

Además, cuando estaba en 4º de carrera conseguí una beca que daba la universidad para hacer unas prácticas en la Unión Europea, en el departamento de español de la Dirección General de Traducción. Duró un mes, pero me permitió tener también descubrir cómo se trabaja en un organismo internacional.

Al acabar la carrera empecé a trabajar en Accenture como traductor in-house. A los 6 meses decidí que iba a dar el paso de hacerme autónomo. Eso fue lo que hice, no sin dudas ni miedos, pero es una decisión que no lamento en absoluto. Eso fue en 2008, y ahí seguimos desde entonces.

  1. ¿Qué consejos darías o qué recursos recomendarías a los estudiantes que quieren dedicarse a la interpretación profesional en el futuro?

No sabría qué consejo dar, porque creo que cada persona es distinta y cada situación es diferente. Yo pude abrirme paso con suerte y con mucho trabajo. Hay que ser muy constante, pero creo que si alguien quiere llegar a ser intérprete y se esfuerza en ello, lo conseguirá. Hay que buscar posibles clientes, llamar a muchas puertas, conocer a otros intérpretes y tejer una red de contactos y de apoyo. Cuanto antes se haga eso, mejor. Incluso cuando estás haciendo la carrera. No hay mejor práctica que trabajar en la vida real. Y hay que tener paciencia. Todo puede salir a la primera o tardar en llegar. Si alguien tiene el sueño de ser intérprete, adelante. A por ello.

  1. ¿Cómo es tu colaboración con TVE? ¿Hay alguna diferencia con respecto a otros trabajos autónomos en la forma de trabajar o en las condiciones laborales?

Es un trabajo que tiene poco que ver con lo que siempre nos han descrito como una interpretación “de manual”. Lo primero de todo, hay que entender que la antelación con la que te llaman no es la misma que cuando vas a hacer una interpretación en un congreso, o en una reunión de empresa. Si salta una noticia de última hora, te pueden llamar para que vayas corriendo (literalmente) hasta allí porque va a hablar el presidente de turno. Por lo tanto, eso hace que tengas que estar siempre localizable por si surge cualquier cosa.

Por otro lado, tienes que estar muy al día de actualidad internacional, porque cuando te llaman con tan poca antelación es muy difícil prepararse bien el tema antes de salir de casa. A veces solo tienes unos minutos, una vez que estás en la cabina, para poder buscar algún dato importante sobre lo que vas a interpretar.

Y aunque en una interpretación en un congreso, en cabina siempre hay dos intérpretes, aquí no es siempre igual. Normalmente las ruedas de prensa o discursos no suelen durar más de 30 o 45 minutos. Por esta razón, en esos casos, solo se cuenta con un intérprete. Cuando se prevé que la duración sea mayor o que haya varios personajes que interpretar (como en las entrevistas o en los debates) sí que van dos personas.

  1. Has sido el intérprete de G.W. Bush, de Obama y, ahora, de Trump, ¿cómo te preparas para adaptarte a su dialéctica? ¿Qué diferencias y retos lingüísticos se te presentan ahora con Donald Trump? ¿Cómo intentas solucionarlos?

La mejor forma de prepararse para interpretar a cualquiera, en televisión o en cualquier otro tipo de interpretación, es escucharlo previamente. Por suerte, en estos casos, siempre son personajes públicos y puedes ver horas y horas de vídeo en Internet para poder prepararte. Hay que escucharlos mucho, ver qué tipo de expresiones tienen, cómo hablan, cómo suelen hacer énfasis en los puntos importantes…

Con Donald Trump el reto lo comprobé en el primer debate presidencial con Hillary Clinton. No es un orador al uso. Ni mucho menos. Dice lo que se le viene a la cabeza. No usa el tele-prompter aunque tenga el discurso escrito. Deja frases inacabadas, se va a otro tema, y luego retoma el que había dejado cortado. Usa mucho slang y a veces es difícil relacionar una idea con otra. Dicho esto, tampoco hay mucha diferencia con otras personas que puedes interpretar, quizá no a nivel político pero sí en reuniones de empresa. Por lo tanto, para superar eso, hay que escucharlo mucho. Hay que saber qué va a decir y estar preparado para la manera en la que lo dice. Como decía, el primer debate me resultó difícil, porque todo lleva su tiempo. Poco a poco me fui acostumbrando a su forma de hablar y ahora, en ese sentido, me parece como cualquier otro orador al que interpreto.

  1. ¿Cómo afrontas la controversia ética de Trump? ¿Te supuso un problema a la hora de aceptar interpretarlo? ¿Intentas suavizar lo que dice de alguna manera?

No es la primera vez que me hacen esa pregunta. Sinceramente, en ningún momento pensé que no tenía que aceptar interpretarlo. Yo hago mi trabajo como un profesional. A mí se me pide que interprete a alguien, e independientemente de cómo me pueda caer a mí, de si estoy o no de acuerdo con lo que dice, yo lo interpreto. Luego tengo mi opinión de cada personaje que interpreto, pero esa me la guardo para mí y no influye en absoluto en mi trabajo.

Me parece curioso todo este debate que se ha montado en torno a los intérpretes en muchas partes del mundo a la hora de interpretar a Trump. Es como si un periodista dijese que no cuenta una noticia sobre Trump porque no le gusta lo que dice. Como profesional, contará la noticia y luego tendrá su opinión sobre él. Pero la noticia la cuenta. En mi caso es igual.

Sobre suavizar lo que dice, siempre que se dice algo demasiado altisonante, hay que intentar suavizar un poquito, porque es mejor quedarse un poco por debajo que pasarse de frenada. Es el caso de cuando dijo durante el tercer debate la famosa frase de “What a nasty woman”. A mí, en ese momento, lo que me apareció en la mente, con letras grandes fue “¡Qué asco de mujer!”, pero en un segundo decidí que igual me estaba pasando y lo traduje como “¡Qué mujer más desagradable!”.

  1. También sueles interpretar galas de premios, ¿cómo te preparas para una? ¿Suele ser un trabajo solitario o cuentas con compañeros con los que trabajar de forma conjunta?

Es un trabajo que cada vez me gusta más y en el que cada vez me lo paso mejor. Llevamos tres años haciendo la gala de los BAFTA, los premios de la Academia Británica de Cine. Lo hago con mi compañera Aida González, que es una gran intérprete y además una experta en cine. Es difícil porque, como dices, hay muchos oradores, cada uno con un acento, con muchos chistes… Por suerte, sí que nos pasan un guion del presentador de la gala, porque son tantos los chistes y los juegos de palabras que hace, que por lo menos los podemos preparar con antelación. El problema es que ese guion no siempre concuerda con lo que ocurre en la gala, hay cambios que no se nos comunican y hay que estar atentos para interpretar “sin guion”. Lo mismo ocurre con los ganadores de los premios. Cada uno hace su discurso y nosotros los tenemos que interpretar sin referencias.

El trabajo previo lo hacemos entre los dos. Preparamos fichas con todos los nominados por categoría, con el tema de la película, productores, guionistas, director, actores, distribuidoras, premios anteriores, etc. Así, a la hora de que el ganador haga el discurso, sabemos a quién puede dar las gracias.

  1. Para acabar, ¿hay alguna anécdota que te haya pasado en los años que llevas ejerciendo como intérprete y que te gustaría compartir?

Pues se me viene una a la cabeza. Hace ya un tiempo, estaba en cabina interpretando en un congreso. El ponente era un señor de EE. UU. que estaba haciendo su exposición. Llegado el momento, dijo que un compañero suyo se iba a conectar vía Skype desde Canadá. Aquí eran las 3 de la tarde, así que allí, como muy tarde serían las 9 de la mañana. Hizo la conexión con él por Skype para ver si todo funcionaba bien. Al canadiense se le oía perfectamente y el de EE.UU. que estaba aquí en Madrid le dijo que esperase un poquito mientras terminaba de explicar una cosa. Lo dejaron en “pre escucha”.  A todo esto, yo sigo interpretando y dentro de la cabina (la cabina era como una habitación pequeña donde estaban más al fondo los técnicos de sonido) oigo un ruido como… “gggggggg”. Me callo, miro a mi alrededor, y sigo interpretando. Otra vez el ruido. “ggggggggg”. Ya me estaba empezando a distraer. “Ggggggggggg”. En ese momento me doy cuenta de que lo que estábamos oyendo dentro de la cabina… ¡era el señor canadiense roncando! Se había quedado dormido y se había puesto a roncar. Justo en ese momento el estadounidense que estaba aquí pide a los de sonido que metiesen en la sala el sonido que llegaba por Skype. Yo decía… “¡¡no, no, no, no!!” Lo hicieron. Metieron el sonido en la sala y esos ronquidos empezaron a atronar por toda la sala. “Mike, are you there”. Respuesta: ronquidos. “Mike!” Nada. Tuvo que llamarlo el hombre por teléfono a su móvil para que sonara y se despertara. Impresionante.