La búsqueda de nuestro tesoro

Artículo escrito por María Armero Sabater y corregido por María Pardo Utiel.

Todo empieza cuando menos te lo esperas, con un simple destello, se enciende la bombilla, llega una idea que hará que tu nombre quede escrito en alguna parte. Llega tu obra. Tecleas, llamas, enseñas, revisas, editas, y ese pequeño sueño pasa a ser la más pura realidad. Una historia que será vista por cientos y cientos de personas, que puede que les emocione o les haga reír, pero si una cosa es segura es que algo tendrá para tenerlos enganchados a la televisión, a internet o a cualquier medio. Tu producción, tu imaginación, tu esfuerzo, tu responsabilidad y tu trabajo van a formar parte de la historia. Buscas dar un paso más allá y transmitir tu obra al resto mundo, a otra cultura, a otro idioma. Y un traductor, contagiado por tus ganas, tu entusiasmo y tu ilusión, da lo mejor de sí mismo para conseguir que tu obra, esa a la que le dedicaste tantísimas horas, rompa fronteras y llegue a muchas más personas.

Nunca se había hablado tanto de los traductores como en estas últimas semanas, y es que nuestro mayor reto siempre ha sido pasar desapercibidos. Cuando el trabajo es realmente bueno, nadie nota que ha sido traducido, y uno tiene la sensación de que se ha escrito en el idioma de la traducción. Sin embargo, y puede que me crucifiquen por esto, doy las gracias a la plataforma de Movistar+ por conseguir que el gremio aparezca en los periódicos, aunque sea de forma anecdótica. La subtitulación de capítulos dentro de una plataforma de pago por personas que no son profesionales es, a parte de un insulto para todos aquellos que se dedican a esta profesión, un insulto para las personas que pagan por este servicio y merecen, por tanto, calidad y profesionalidad en el producto que contratan. Cuando este sacrilegio salió a la luz, el mundo de la traducción sacó sus armas, las palabras. Las redes sociales comenzaron a arder y esa unión entre traductores, tanto audiovisuales como de otras modalidades, consiguió que los periódicos no pasaran por alto un abuso como este.

Vivimos en una sociedad donde mayoritariamente se cree que saber un idioma ya te permite traducir y que cualquiera es capaz de hacerlo bien. Pero detrás de los subtítulos de esa serie que te tiene enganchado debe haber un profesional que haga que tu experiencia sea la mejor posible. Los traductores nos esforzamos y gastamos muchas tazas de café para conseguir que los momentos de «peli y manta» valgan la pena. No pedimos un monumento, ni una calle con nuestro nombre. Pedimos el reconocimiento que cualquier trabajador merece. Antes del melodrama de Movistar+, la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España, ATRAE, ya había cogido las riendas de este movimiento a favor de la profesionalidad en la traducción audiovisual tras el auge de plataformas como HBO o Netflix, comenzando a promover la visualización de los traductores reconociendo su trabajo.

Las redes sociales son la herramienta más fácil para conectarnos al mundo desde casa y conseguir llegar más allá de nuestras fronteras. Estas herramientas debemos usarlas para potenciarnos tanto a nosotros como a nuestra profesión. Para esto, ATRAE dio a luz al hashtag #QuiénSubtitula, que quiere dar a conocer y valorar la tarea de los profesionales del sector. Desde este hashtag hemos empezado a conocer a los traductores de nuestras series favoritas y de las películas que van saliendo al mercado. Esta etiqueta quiere dejar claro que las obras no se subtitulan solas, que no se adaptan solas y que hay un duro trabajo detrás.

Crear la curiosidad en nuestros destinatarios sobre el trabajo que realizamos es el primer ladrillo para construir esa valoración que merecemos. Es deber de todos los que formamos parte de este “mundillo” unirnos y comenzar a valorar nuestro trabajo. La rama de la traducción tiene la suerte de ser una rama de compañeros, de gente que valora y respeta el trabajo del otro. Sigamos manteniendo esta iniciativa viva, que la etiqueta #QuiénSubtitula no quede en el olvido y sigamos luchando por conseguir la valoración que nuestro trabajo merece.