Paremias: ¿cómo se traducen? Comparativa sociocultural de refranes y dichos populares (II)

Artículo escrito por Itziar Andújar García y corregido por Amparo Montesinos Artero

El descubrimiento de un nuevo refrán siempre resulta, a la vez que gracioso, desconcertante… Pero nunca nos preguntamos por qué.

Desde pequeños oímos a nuestros mayores valerse de refranes para dar lecciones de vida, para enseñarnos a estar preparados; y si no fuera por esos consejos, siempre “nos estaría pillando el toro”.

A medida que pasan los años, ya no resulta tan extraño mantener una conversación a base de paremias: nos volvemos menos inocentes y aprendemos a bromear con el sentido literal y el metafórico. Para algunos más que para otros, el arte de la ironía ya no esconde ningún secreto, y es que parece “de cajón” el hecho de que el único salvoconducto para estar entre la sociedad adulta sea usar estas figuras retóricas.

Para muchos adultos, se trata de haber asimilado e interiorizado la cultura, la historia y la lengua que les rodea desde pequeños. Se trata de haber registrado suficientes experiencias vitales como para saber con qué intención se usa cada paremia. Pero para quienes queremos ser un puente entre culturas, expertos en buscarle los “tres pies al gato” a una traducción, se trata de preguntarnos por qué.

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Y es que “estar entre Pinto y Valdemoro” no es lo mejor que nos puede pasar, así que “tanto va el cántaro a la fuente…” que al final resulta útil preguntarse por qué nos pilla un toro cuando no tenemos tiempo de hacer las cosas. Esto nos convierte en dueños de la palabra, y si nos preguntamos el porqué de muchas paremias en otros idiomas, nos convertimos en dueños de la traducción.

Resulta que la mayoría de paremias mencionadas en este artículo tienen un origen:

Estar entre Pinto y Valdemoro: Estar dudoso entre dos opciones.

Los culturemas Pinto y Valdemoro son dos localidades famosas por sus puestos de queso y vinos, situadas cerca de Madrid. La versión más aceptada del origen de esta paremia surge de las visitas reales a estos pueblos, especialmente por lo contento que salía el rey después de probar los vinos. Cuando en la corte alguien preguntaba por el rey, todos decían a modo de burla: “está entre Pinto y Valdemoro”, aludiendo a su estado de embriaguez.

Ser de cajón: Ser evidente, obvio, estar fuera de toda duda o discusión.

Tiene su origen en las imprentas. Antiguamente, las letras se tallaban en madera o metal y se colocaban una por una para escribir una frase sobre papel. Para no perder tiempo, las frases y palabras más utilizadas se dejaban montadas y se guardaban en un cajón.

Armarse la Marimorena: Empezar una pelea muy ruidosa y caótica.

Aunque el origen no es muy claro, está documentado que en el siglo XVI, hubo un juicio por una pelea surgida en una taberna. La tabernera se llamaba María Morena, quizá sus actos a la hora de defender su local tuvieron mucho que ver con el arraigo de esta paremia en la cultura española.

Quien fue a Sevilla, perdió su silla: Perder la oportunidad al no estar presente.

Durante el reinado de Enrique IV, se concedió el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla. Dado que en Santiago había revueltas, el sobrino pidió al tío que fuera él a Santiago, mientras el sobrino se quedaba en el arzobispado del tío, en Sevilla. Una vez se solucionó todo en Santiago, el tío quiso volver a Sevilla, pero su sobrino se negaba a abandonar el puesto.

Vérsele a uno el plumero: Saber las intenciones de una persona.

El plumero es un objeto que se usa para quitar el polvo, pero en esta paremia, se refiere a las plumas que llevaban los cascos de los voluntarios de la Milicia Nacional, que nació el año 1820 para defender los principios liberales y progresistas, y fue disuelta y desarmada por el Ministro González Bravo. Se dice que no eran muy cautelosos y se les veía llegar de lejos.

Que me quiten lo bailao: Pasar por un mal momento y recordar que nadie te puede quitar lo vivido en épocas anteriores.

Se cree que proviene de la letra de un tango argentino. Aunque hay otras anécdotas que cuentan cómo un bailaor alargó su actuación y a cambio le pidieron pagar el doble por el alquiler de la sala. Él respondió que no, que le quitasen lo bailao (el tiempo extra que había bailado). Esta paremia no encuentra equivalencia en otras lenguas, además de por los acontecimientos, por la característica elisión de la letra ‘d’ en los participios, propia de la lengua oral o discurso informal en España.

Tener mala leche: Estar malhumorado, irritado. Enfadarse fácilmente.

Antiguamente se contrataba a nodrizas que se encargaban de amamantar a los hijos de otras mujeres que acababan de parir y no podían alimentar a sus hijos. Siempre se intentaba contratar a una mujer culta y sin antecedentes, pero no siempre era así, de modo que si el niño/a tenía problemas de comportamiento social o algún tipo de enfermedad, se daba por hecho que este problema lo había adquirido a través de la ‘mala leche’ que había mamado.

Me pilla el toro: No conseguir hacer o finalizar algo en un plazo determinado.

En España, las corridas de toros son un elemento importante de la cultura. Durante el espectáculo, cuando un toro embiste a un torero en la plaza es porque no ha tenido tiempo de reaccionar y esquivar el animal.

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¿No es maravilloso que tanta sabiduría popular se resuma en apenas cuatro palabras? Paradójicamente, a medida que aumenta el alfabetismo en una población, disminuye el uso de refranes. Pero nosotros, todas las personas que pertenecemos al gremio de las letras, y en especial, los que pertenecemos al gremio de la traducción, no podemos permitirnos esa pérdida (de curiosidad) ni por nuestra lengua ni por nuestra cultura.