Todo irá bien

Artículo escrito por Alby Hernández Gómez y corregido por Mónica Jáñez Chaguaceda.

7 días para la hora cero

―Por si no nos volvemos a ver, ¡pasa unas buenas vacaciones!

Por favor, ¡qué dramática! Tampoco hace falta despedirse así del profe, si la próxima clase la tenemos dentro de dos días. ¿De verdad piensa que en tan poco tiempo se va a activar alguna clase de plan como, qué sé yo, la declaración del estado de alarma? En fin, más me vale darme prisa para ir a comer, que ya son las dos y media y luego no me da tiempo a llegar a la clase de las tres.

Salgo corriendo rumbo a la cafetería donde me espera una amiga. Como siempre, nos liamos a hablar y cuando nos queremos dar cuenta ya son las tres y diez. Nos despedimos apresuradamente y vuelvo a tener que correr para no llegar demasiado tarde. «¿Será por esto que aunque no haga nada de ejercicio no engorde?», pienso mientras bajo los últimos peldaños que me faltan para alcanzar la clase. Llamo a la puerta e, intentando no llamar demasiado la atención, entro y me siento en el primer sitio libre que veo.

―Bueno, pues si no hay noticias de la reunión… hasta mañana, espero ―se despide el profesor al acabar la clase.

―¿De qué reunión está hablando? ―le pregunto a mi compañera de al lado.

―Ay, es verdad, que no estabas cuando lo ha comentado. Al parecer hay una reunión del gobierno de la Comunidad de Madrid para decidir si cancelan las clases o algo así.

―Mátame camión.

Cuando llego a casa, después de casi hora y media de viaje en metro, enciendo el portátil y entro en mi cuenta de correo: «Coronavirus: comunicado cese actividades docentes», «¿Y el martes hay clase?», «Cese temporal docencia», etc. Miro los mensajes de Whatsapp: 117 mensajes nuevos. Pero ¿qué ha pasado? Les escribo a mis amigas de clase:

―¿Habéis leído el grupo de clase? ¿Se está acabando el mundo y yo no me estoy enterando?

―Sí, qué fuerte, 15 días sin clase a partir del miércoles.

―Ya podría ser a partir de mañana y nos ahorrábamos el examen.

Como dijo Manuel Tenorio: «Feliz, lunes».

5 días para la hora cero

Un día de estos voy a silenciar el grupo de clase. No paran de especular: que si para compensar estos 15 días sin clase mandarán más trabajos, que si vamos a continuar con las clases de manera telemática, que si ampliarán el calendario escolar, que si… Y lo peor es la dudosa procedencia de las noticias que comparten que comparten. Comprendo perfectamente cómo deben sentirse, pero no sé si la mejor manera de intentar aportar algo de lógica a este mar de dudas es darle voz a los bulos. De esta manera lo único que consiguen es alimentar un caos que cada vez se me hace más insostenible. Apago el móvil y me concentro en hacer unos deberes que ni siquiera sé si tendré que entregar.

4 días para la hora cero

«Cancelación – XVII ENETI». Toca despedirse de la idea de comerse un paparajote. ¡Cuántos chistes sobre Murcia desperdiciados! #PrayForAcho

1 día para la hora cero

Abro el correo un día más con cierto miedo por saber qué me encontraré esta vez. Nos ha escrito un profesor: «Clase del lunes 16 de marzo de 2020». Nos manda instrucciones sobre cómo vamos a proseguir las clases. De nuevo, estalla una pequeña tormenta:

―Pero ¿vamos a seguir dando clase?

―Yo leí que las clases se iban a posponer.

―Aquí cada cual hace lo que le da la gana.

―¿Deberíamos escribirle?

Nos han debido de mandar unos quinientos comunicados desde el rectorado, pero la verdad es que todavía seguimos sin saber cómo vamos a recuperar las clases que estamos perdiendo. ¿Deberíamos darlas virtuales o seguir esperando sin hacer nada? Nadie tiene la respuesta, me temo. Lo único que sé es que no me gustaría estar en la piel de las personas que tengan que tomar las decisiones.

Hora cero

Enciendo la televisión: ya es oficial, se ha declarado el estado de alarma en todo el país. Se ha quedado un mes de marzo precioso.

Un día desde la hora cero

Comienza una nueva semana. Me levanto a las ocho de la mañana para desayunar y arreglarme un poco para la primera clase virtual de las ocho y media. Madrugar no me entusiasma demasiado, pero el hecho de intentar retomar la rutina me hace cierta ilusión.

Lamentablemente, este sentimiento me dura poco. El procedimiento que íbamos a seguir consistía en intercambiar nuestras propuestas de traducción de los textos que nos fuese mandando mediante un blog que habilitaría en el campus virtual. La idea parecía bastante sencilla, pero el destino decidió tomar cartas en el asunto. El dinamismo brillaba por su ausencia: teníamos que recargar el blog constantemente para que cada cinco minutos nos apareciese una nueva frase del profesor. Cuando acabó la clase solo habíamos corregido un párrafo. Tanta tecnología para esto.

Dos días desde la hora cero

No sé por qué he vuelto a madrugar, supongo que mis ganas de aferrarme a este atisbo de nueva normalidad superan la odisea que suponen estas clases. Entro en el blog y me quedo atónite: ¡ya ha corregido dos párrafos! ¡¿Cómo?! Miro el grupo de clase:

―¿Por qué se ha conectado a las siete de la mañana?

―Querría ver amanecer.

Me leo las correcciones y vuelvo a sorprenderme aún más: «Voy a por un café, ahora vuelvo». Un café voy a necesitar yo… o algo más fuerte.

Le echo un vistazo al correo de la universidad y veo que ayer se sumó otro profesor a las clases virtuales y que hoy lo ha hecho otra que, además, nos ha dejado grabado un audio con las instrucciones. Parece que estas no serán mediante el blog, sino por videoconferencia. Menos mal.

Siete días desde la hora cero

Cayó el cuarto profesor. Ya solo queda una.

Nueve días desde la hora cero

―Oíd, como desde muchas de las facultades de la UCM están llevando a cabo iniciativas de apoyo académico, he pensado que podríamos escribir al vicedecano para decirle que figure también la nuestra, ¿qué os parece?

Once días desde la hora cero

Por fin hemos tenido noticias de la quinta y última profesora y seguimos para bingo: vamos a continuar con las todas las clases de manera telemática. Una incógnita menos por resolver, ahora solo queda saber cuándo va a acabar el calendario académico, qué pasa con la entrega de los TFGs, cuándo van a ser los exámenes y si van a ser presenciales… Demasiadas preguntas aún sin respuesta. Lo mejor será esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, así que me pongo a escuchar Todo irá bien de Chenoa «porque pensar que todo va mal, te alejará de la felicidad».