¿Y tú? ¿Reciclas palabras?

Artículo escrito por Paco Sanz Irisarri y corregido por  Bárbara Díez Jiménez.

Una útil y beneficiosa forma de sacar provecho a nuestro trabajo pasa por crear nuestro propio banco de memorias a partir de los encargos que realizamos. Se trata de un buen recurso que añade valor a nuestra experiencia.

Todos hemos estado ahí. Nos hemos pasado incontables horas trabajando en un encargo que conllevaba documentarse sobre una terminología aparentemente infinita mediante los medios de los que disponemos. Por no hablar de encontrar fuentes que fueran fiables, actualizadas y de autoridad. En ocasiones, supone una gran labor que puede pasar desapercibida en el resultado final y quedar en el olvido, así que ¿por qué no aprovechar ese trabajo? ¿Y si intentamos darle un segundo uso?

El principio del reciclaje, o mejor dicho, de la reutilización, no es novedoso en el mundo de la traducción. La idea es almacenar contenido traducido y disponer de él para futuros encargos que presenten un alto nivel de repetición y guarden similitud con la memoria. De esta forma, y como el propio gigante SDL Trados anuncia en su web, una memoria puede contribuir positivamente al proceso de localización y mejorar significativamente tanto la calidad como la eficacia. El uso de las memorias de traducción está muy extendido, en especial en las agencias de traducción, donde se gestionan inmensos volúmenes de contenido, pero todo traductor puede beneficiarse de sus propias memorias y disponer de ellas en cualquier momento que las necesite. En prácticamente todos los géneros puede ser útil contar con una memoria, sobre todo en aquellos en los que nos enfrentamos a textos con un alto grado de repetición, como pueden ser los de los ámbitos científicos y técnicos. También es a menudo útil consultar una memoria a modo de herramienta terminológica, es decir, para realizar búsquedas concretas de términos o construcciones que podamos haber tratado con anterioridad.

El procedimiento para crear y guardar memorias a partir de traducciones es muy sencillo: una vez que hayamos traducido un texto, usamos un programa que alinee el texto original y el traducido, como es el caso de LF Aligner. De esta forma, obtendremos un archivo en formato TMX (la propia memoria de traducción) y un archivo en formato XLS (muy cómodo para realizar búsquedas rápidas). Con la memoria ya creada, podremos actualizarla, ampliarla, usarla en programas de traducción como Wordfast, modificarla a nuestro gusto o incluso ampliarla rápidamente conforme recibamos más encargos similares. Para ello existen numerosos programas de edición de memorias de traducción que son sencillos de usar, como es el caso de TMX Editor. Así, podremos ampliar u organizar nuestras memorias en función de nuestras preferencias. Por ejemplo, en función del idioma, la temática, el cliente, el tipo de encargo, etc. Asimismo, podremos ver qué grado de similitud guarda nuestra memoria respecto a un nuevo encargo si previamente analizamos el texto desde programas como Omega T o Wordfast, lo que nos ayudará a conocer mejor el encargo al que nos enfrentamos.

En definitiva, crear nuestras propias memorias es una manera rápida y sencilla de sacar más provecho a nuestro trabajo de cara a futuros encargos, con todas las ventajas que conlleva contar con una memoria durante una traducción. Además, podemos crear una memoria con cualquier traducción y en cualquier momento, así que ¿a qué esperas para buscar en el baúl del ordenador?