«Yo quiero marcha, marcha»: entrevista a Quico Rovira-Beleta (II)

Entrevista realizada por Noemí Barrera Rioja y corregida por Mónica Granero Montagud

«Cada vez que piensas que un montón de gente va a ver algo y sabes que lo va a entender porque tú se lo has convertido a su manera de hablar es una satisfacción enorme».

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¡Parecía que no, pero por fin ha llegado! No podíamos dejar que pasases el verano sin haber leído la segunda parte de la entrevista a Quico Rovira-Beleta, realizada durante el ENETI 2017. Sabemos que la espera se ha hecho larga, pero prometemos que vale la pena. Como asegura Quico en esta entrevista: «…lo mejor que tiene nuestro trabajo es que es apasionante…», así que no esperes y apasiónate un poquito más con las anécdotas, curiosidades, consejos y el contagioso entusiasmo de nuestro entrevistado por la traducción.

¿Cómo has logrado casi monopolizar el negocio de la traducción audiovisual en España?

[Ríe] Yo no lo he monopolizado.

Bueno, casi.

No, hoy en día hay muchísimo traductor de películas. Pero cuando yo empecé sí que éramos muy pocos, así que si te consideraban lo suficientemente bueno, te daban el trabajo a ti. Y no es lo mismo repartir el trabajo entre ochenta personas que repartirlo entre tres. Y si, además de eso, estás en un estudio, como yo, que tuve la gran suerte de estar en Sonoblok (que era quizás el estudio más importante de España), tienes aún más trabajo. Las mejores películas me cayeron casi todas a mí. Supongo que si no hubiera valido, no me habrían caído más. O no tenían a nadie más, y no tuvieron más remedio que dármelas a mí, o les gustó. ¡Me las siguieron dando, con lo cual yo espero que sea lo segundo! Pero sí es verdad que, si miras mi listado de películas, sobre todo en los años 80 y 90, la mayoría han pasado por mis manos.

¿Hoy en día ya no tanto, quizás?

No, hoy en día hago mucho menos. Además, la manera de trabajar de ahora (volviendo a la pregunta que me habías hecho anteriormente) es muy distinta. Ahora una película te dura unos tres meses, porque debido al estreno mundial, no puedes empezar a traducir la película cuando ya está terminada de rodar. Quieren que esté en las salas de cine cuanto antes, así que no da tiempo a traducirla, ajustarla y doblarla antes de la fecha de estreno. Entonces, traduces guiones preliminares y, a medida que van rodando nuevas escenas y descartando otras, vas corrigiendo sobre el guion que ya habías escrito. Empiezas con un preliminar 1, y hasta el preliminar 2 o 3 no se dobla, para que no haya que hacer tantos doblajes. Eso sí: después de un preliminar 3 puede venir un preliminar 4, un pseudofinal o un final que, inevitablemente, llevan a tener que hacer lo que se llaman retakes, es decir, volver a doblar algunas frases que ya se habían doblado, o eliminar o añadir frases.

Por tanto, debido a que traducir una película ocupa mucho más tiempo, haces muchas menos que antes. Antes tardabas una o dos semanas, pero acababas una y hacías la siguiente. Y en el caso de las series de televisión, me acuerdo de que, en aquella época, hacía episodios diarios y la serie era toda para mí. Y ahora, aunque hay series que sí son para un solo traductor, otras las tienen que repartir porque corren tanta prisa que un solo traductor no da abasto. Los tiempos han cambiado mucho.

¿Te gusta más la manera de trabajar de ahora o la de antes?

Cada una tiene su parte buena y su parte mala. En cuanto al agobio a la hora de trabajar, era mucho mejor la de antes. En cuanto a documentación, en cambio, es mucho más fácil documentarse ahora. Pero en cuanto a la calidad del material con el que se trabaja, ahora es mucho peor, porque cuanto más grande es la película, más protegida está. Te la muestran toda oscura con circulitos únicamente para las bocas o no te proporcionan imagen o hay escenas que son clave en la película y que no te las facilitan hasta la última para parte para evitar las filtraciones. Esto es muy típico en las sagas de gran importancia. En este caso te encuentras ante una situación en la que tienes que traducir toda la película sin esa escena. Si la has visto antes, por ejemplo en reuniones, sabes que esa escena existe, pero no la tienes. Tú sabes que te la están escondiendo, pero tienen razones absolutamente lógicas para hacerlo, porque si revelas esa escena a alguien, les hundes la película. Firmas innumerables contratos de confidencialidad y sabes que no puedes jugar con eso.

¿Y cómo afecta al proceso de traducción la ocultación de estas escenas clave?

No afecta, porque te quitan la escena desde donde podría estar ligada con la anterior hasta donde podría estar ligada con la siguiente, para que no sea demasiado evidente que ahí falta algo. Así pues, tú trabajas sobre lo que se llaman «traducciones capadas» o «traducciones censuradas», hasta que por fin llega una «traducción con spoilers», que es aquella en la que corres el riesgo de que alguien se entere de las cosas. Tú, evidentemente, aunque hubiera spoilers, no vas a contar nada porque te estás jugando tu trabajo, pero tampoco lo has traducido hasta ese momento.

Es una situación similar a cuando traduces una película importante y resulta que hay algún personaje que no aparece interpretado por el actor definitivo. Por ejemplo, en Rogue One, salía Peter Cushing, que es quien interpretaba al Grand Moff Tarkin, pero es un actor que salía en el Episodio IV y que murió hace un montón de años. Entonces, la imagen con la que trabajas todavía no es él, es un arreglo digital, así que al principio traduces viendo a alguien que hace de ese personaje, pero sabes que le van a cambiar la cara en algún momento. A veces ni siquiera llegas a ver ese cambio. Yo recuerdo que, cuando hice King Kong, no llegué a ver al gorila nunca. Toda la traducción la hice sin gorila, con la chica con cables.

Pero es normal. Nosotros lo vemos desde nuestra manera de trabajar y pensamos: «¡Qué incómodo es esto! ¡Qué mal! ¡Todas las bocas cerraditas!». Sin embargo, hay que ponerse un momento en el lugar de los dueños de la película. Lo que se están jugando es tan grande que no pueden permitirse filtraciones, porque perderían millones. Por eso, entiendo que, aunque sea una manera de trabajar bastante incómoda, tiene sentido que nos puteen un poco.

¿Qué consejo darías a los estudiantes que quieren especializarse en traducción audiovisual?

Primero: que no desesperen. Siempre digo lo mismo, que parece un camino muy difícil, una montaña altísima, y que los dinosaurios que estamos ahí llevamos muchos años y no queremos irnos hasta que se nos lleve la parca (¡y espero que tarde muchos años!). Tengo amigos que siempre me están diciendo: «Venga, jubílate de una vez y deja paso a los demás». Ese día llegará, evidentemente, pero la ventaja es que el campo es muy amplio, mucho más de lo que yo podía haber imaginado cuando empecé a trabajar en esto. Jamás pensé que la era digital iba a traer esta inmensidad de productos en streaming, en plataformas…, y todos esos productos se tienen que traducir, con lo cual, aunque hay mucha demanda porque sois muchísimos, también hay mucha oferta. Así que, sobre todo, no desesperéis y no os rindáis. Y entregad currículos en todos los sitios que se os ocurran.

Otro importante: no os centréis solamente en la traducción audiovisual. Si más adelante conseguís trabajo en este sector, ya intentaréis ir dejando los otros y dedicaros más a él, pero de momento cubrid todos los campos que podáis para poder conseguir trabajo. Este es el principal consejo.

Y que lo hagáis bien, claro. Porque siempre es más fácil que os vuelvan a dar trabajo si lo hacéis bien, por lógica.

Finalmente, para concluir la entrevista, me gustaría plantearte una curiosidad personal: ¿qué tarea te da más dolores de cabeza: traducir o ajustar?

Es muy buena la pregunta. Son dos maneras muy distintas de trabajar. A nivel mental, traducir juega con dos lenguas. El que no sabe traducir, traduce palabras; el que sabe traducir, traduce conceptos. Esto es algo que se aprende enseguida. La gente que traduce palabras es la que lee unos subtítulos y, por ejemplo, si el actor ha dicho «pork» y en el subtítulo han puesto «carne», te dice: «Oye, ¿por qué habéis puesto “carne” si decía “cerdo”?». Este es el típico que traduce palabras y no ha entendido que, cuando traduces un concepto, no ves solamente la palabra, sino la palabra y lo que significa. Yo recuerdo que, cuando traduje Los Miserables, las canciones estaban rimadas y cantables. Esto significa que se tenían que poder cantar en español oyéndolas en inglés, de modo que tenían que estar a ritmo y rimadas. Para lograrlo, se tenían que cambiar palabras, evidentemente. Y un sobrino mío fue a ver la película y me dijo: «No me ha gustado nada, porque el tío decía todo el rato “darkness” y tú ponías “noche”, y todo el mundo sabe que “darkness” es “oscuridad”». Y le respondí: «Claro, pero “darkness” son dos sílabas y es una palabra llana, igual que “noche”, así que suenan igual. En cambio, “oscuridad” es una palabra aguda y además tiene cuatro sílabas, de manera que no me encaja». Y esto, quien no traduce palabras, sino conceptos, lo entiende perfectamente. Quien traduce palabras, que es lo que hace cualquiera antes de dedicarse a la traducción, no lo ve. Esta forma de enfrentarte a las cosas es muy frecuente.

Y volviendo a la pregunta, esta es una manera de trabajar que tiene sus dificultades, que tiene el problema de tener activas las dos mentes a la vez y de entender que estás traduciendo conceptos y no palabras. En cambio, ajustar es una parte donde juegas mucho con los sinónimos, te preocupan mucho las bilabiales y ya solamente piensas en español (aunque a veces tienes que prestar atención al inglés para no alejarte del original). En general, estás pensando mucho más en que eso lo va a interpretar un actor de doblaje, con lo cual tienes que tener un ritmo, pensar mucho en el estilo y la manera de hablar de esa persona, ajustar la velocidad… Para ello, tienes que fijarte en cómo habla el actor que ves en pantalla y tienes que intentar doblarlo al ritmo de esa persona. Es otra manera de trabajar, así que no es más difícil una que otra, pero a mí, personalmente, me lleva más tiempo ajustar que traducir.

Yo traduzco rápido y uso muy poco el diccionario porque llevo ya muchos años y, dado que en el fondo las palabras siempre se repiten, al final traduces por pura práctica e inercia. En cambio, en cuanto al ajuste, cada película es un mundo: tienes que buscar los ritmos, la manera de hablar de cada uno…, de modo que me lleva más tiempo. Además, como yo traduzco mucho más de lo que ajusto, pierdo más tiempo debido a la falta de seguridad y de práctica. Esto es lo que hace que una tarea se prolongue más que la otra, pero las dos son muy difíciles.

Pero esto es algo que vuelvo a deciros como estudiantes de traducción: lo mejor que tiene nuestro trabajo es que es apasionante, que disfrutas. Cada vez que piensas que un montón de gente va a ver algo y sabes que lo va a entender porque tú se lo has convertido a su manera de hablar es una satisfacción enorme. Traducir es un trabajo precioso. Traducir es enlazar civilizaciones, es unir pueblos, es hacer que gente que no se conoce de nada esté interactuando incluso sin saberlo, porque les estás dando un material que es de otra parte del mundo para que puedan disfrutarlo, sea lo que sea: libros, videojuegos, películas… Yo fui de ciencias, pero el día que descubrí las letras… Vamos, me parece apasionante. Me gustan las letras que sirven como medio de comunicación y la traducción es, básicamente, un medio de comunicación.